jueves, 7 de octubre de 2010

El Arte de Perder Primaveras

“Que el infierno es un oasis en un desierto de llantos…
yo me mantengo con las pocas cosas que yo tengo,
con mi sueños con mi alma y con mi cuerpo.”
- Demonios, Estopa

En el oblivio, en la cueva, en el agujero; callejones donde se investiga la Nada. Con múltiples sabores, formas y horrores. Este misticismo micro-atómico, da fe de Vació; solo palpita y se derrite. El paladar definitivamente no se hereda, es una legumbre que se cultiva. De muchas maneras claro, unos lo elaboran con acaricias y curiosidades perfumadas otros con apetitos indomables y culpa, otros con brújulas exactas y datos ásperamente olvidadizos. Tantos estilos estrategias y tácticas para navegar los horizontes, las recamaras, los desiertos y huecos. Con o sin compañeros. Cada decisión entre pre-marcados binarios nos asfixian, conjuran precisión, convicción y control. Solicitan de nosotros que seamos espectadores de cosas en si, en mí y en ti. Este paralelismo de cognición crea camellos felices. Los que se regocijan en ser portadores, facilitadores y distribuidores de tecnes para vivir.

Pero de paraje en paraje es posible tropezar con algún imprevisto artefacto chocarrerro. Sea una hortaliza, un cabaret, una poción, un némesis, un sol, un ratón o hasta un Leviatán. Así, aquello que fue imprevisto en el itinerario, te ofrece, o impone una posibilidad de transgredir tu ensamblaje noetico de especificaciones, convenios y auto-determinaciones.

¡Si!

!Ese odio esta dentro de ti también! ¡Ese santo terror de hacer estallar cada sacra pauta erecta! Solo de hallarse suficiente espeluznante honestidad en esa campeona, en ese paladín, podría lanzarse a otra dimensión. Al retornar, sus apetitos estarán trastocados, replanteados en susurros dentro del caparazón.


¿Que hacer desde aquí?
¿Eludir y olvidar ese encuentro con la inseguridad?
¿Caminar frente a los demás?
¿Correr de los demás?
¿Simular?
¿Disimular?

Dentro de la escalofriante y caótica vulnerabilidad algo innombrable dejo un escurridizo rastro. Un gusto por los aspectos insoportables, duros y grotescos de la existencia. Una preferencia de andar perdido, debajo, arriba, afuera de cualquier poderoso radar medusiano, que solidifica toda dinámica preformativa en roca. Y este placer, das cuenta, puede ser fermentado, nutrido. Cada día encontraras islotes nuevos, callejones húmedos y nefastos, llantos, traumas y ectoplasma. Para siempre desterrado del cielo, el infierno y de todo planeta prometido. Obligado y ansiando rondar puertos, bibliotecas, barras, placentas y positrones. Alimentándote de ninfas, dioses y espectros para sobrevivir. Dejando al mundo de Maya en algún lado, dejándote esparcido, sin férulas, sin la pesadilla de ese magno andamiaje de lucidez.


Y este cántico de larvas, esta bienaventuranza de desesperación, este evangelio de la perdición te besa en la frente en noches de sobreabundancia y hemorragias afectivas; perennemente regurgitando cólera, placer y ansiedad.

Y tus ojos, tu lengua, tus oídos, tu piel, tu hocico. Ya no meros prisioneros, mendigos, ganado de calabozos cómodos. Estos osan penetrar cada signo fractal establecido. Gustan jugar con lo que se presente. Apetecen expandir su satisfacción de estar presentes, concebir poder, establecer dominio, burlar el dominio y hacerlo suyo. Derretir montañas, cerebros, diamantes y omnisciencias de mierda, ciudad y amores. Sin dueño, sin amo, sin esclavos, ¿quien puede ser más escurridizo que tu? ¡Invirtiendo laberintos, cortando todos los circuitos, apostando a nadie, ni al mejor postor!

Flameemos invocándonos hacia algún terrenal nirvana de apogeo, gemidos y violencia; ¡Que ondulen los que estén dispuestos a desligarse de todo! Mi atroz y encharcada historieta yoistica detecta viciosamente, transmuta y enlaza contraseñas. Manufactura diez mil setecientos treinta y cuatro narrativas, enlazadas y fermentadas en ese perdido instante dentro de millares de nanosegundos. Se auto destruye la eterna ficción con ímpetu y se vomita alguna novedad artificial, que a su vez muere con estilo. Con el fin, sea primordial, dirán algunos, de hacer lo mas apetitoso. Cazar a alguna presa imprevista e ingerir lo que carga entre sus hinchadas viandas, entrañas de tutti fruti y electrizante musgo de luna ensangrentada.





















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