martes, 16 de noviembre de 2010

Equipaje perdido


Je Chanterai Pour Toi, Boubacar Traoré

A saber en
cuál pocilga o castillo
mi equipaje fue
a parar.

Insociables tal vez,
maleta y pertenencias
eligieron
otra bahía, otro vecindario;

me atrevo a decir que
su ausencia, corresponde a
una extraña obstinación de
manufactura:

por descuido o por secuestro,
jamás.

Extraviados sí pienso
los dos litros de güisqui
estancados dentro
de un envase
de enjuague dental.

Los calzoncillos rojos
que huérfanos de alguna inexplicable
gaveta o mujer, habían sido
escoltados hasta
mi cintura.

Una copia de Casa de la Forma
supuesta a ser obsequiada;
Una copia del esqueleto presenta
Una ex novia
Dos mejores amigas
Un amigo
Una hermanita que dejó de ser hermana al cumplir los quince;

un disco compacto de Sylvia R. que siempre regreso a Borders para comprarlo pero está
agotado;

una libra de pan sobao’
y diez dólares de queso de papa para enviárselos a la odiosa que vive en el Pueblo de
Champaing.

Transcurrida
la primera semana, para
cuando el cólera había asediado
mis facultades,
el mundo decidió que prestarme atención sería cosa del pasado.

Pero
todavía,
luego de saborear los dulces durante un buen día,
se me puede escuchar
reventando gavetas
y puertas.

Todavía.

Pues pienso,
así como creo honesto eso de oponerse al enemigo,
en la probabilidad de
nunca haber extraviado mi equipaje.

Y pienso
que tal vez
dejé
mi equipaje
en
alguna esquina muerta
o
recoveco
de la
casa.

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