jueves, 22 de noviembre de 2012

Purga


(non/habēre/mors, mortis
pro/infirmĭtas, -ātis/nunquam)


Cómo saber de ti en el olor de camas que no conozco

si piensan que mi intención es imperio de pata de terquedad;
     abren mapas de recurso vigésimo   en sentido comadreja
en daño asociado   en bocas sucias que van a buscarte con voces dardo:

Quiere mearte   Quiere tus sesos   Quiere comerte, dicen.
    ¿Por qué? Sé del hambre de estos espantos. Vienen por nosotros,
ocurren del peligro hablador sospechando y así escogen quedarse; desvanecerse.
(Disculpa la soberbia) Ellos, grasa que no conozco,
temen ser tuyos siendo minúsculos infiernos en ti.

Son hamacapiens,
especie/nonada, de panza breve y ojos colmillo;
yo al contrario sólo veo fiesta en tus colores.
Ya sabrás en cuál gremio se anda junto a buen germen;
llegarás,
curiosa
encantadora
y, aunque siempre la muerte busque tu rumbo,
   sería absurdo
morir sin antes haber tocado
extraña y armoniosa la luz huésped en tu sonrisa.
Que los microbios en tu nave
pueden ser tantos   —esto lo sé—
pero no te preocupes.
Bienvenida al paraíso

en el universo

los atardeceres serán cometas venideros,
por siempre tuyos, ricos a cada instante y,

lloverán encima del papel
como la purga más grandiosa.
Te darán limpios el beneficio de su vida.




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