sábado, 13 de diciembre de 2014

Defensa de tesis: Marlena

Defensa de tesis: Marlena

CONFERENCIA



martes, 2 de diciembre de 2014
BN-239 Universidad del Sagrado Corazón

Comité
Directora de tesis: Ángela López Borrero
Lectores: Juan Duchesne-Winter y Emilio Del Carril

¿Por qué escribí una novela y no un libro de cuentos?
           
            Mediante el estudio de la literatura tenemos la facultad de resucitar autores y movimientos literarios que han probado tener relevancia en nuestras vidas a través de los años, tanto para el mundo que dio pie a su creación (considerando la época cuando fue escrita la obra) así como para nosotros, autores comprometidos, quienes se sitúan en el arte de la escritura produciendo obras dignas de permanencia, obras autónomas del control normativo donde el arte y las nuevas mercancías afrontan el distanciamiento de lo humano en relación a su mundo. . . El romance por el cuento, el ensayo y la poesía han sido amores constantes en mi vida pero, la decisión de trabajar el género literario de la novela, novela titulada Marlena, novela que hoy les presento, lo hago a razón de culminar, por el momento, con uno de los procesos de enriquecimiento intelectual y creativo en el cual decidí aventurarme: hablo de haber escogido la maestría en creación literaria en Sagrado Corazón para continuar mis estudios por supuesto. . .
            En este proceso, luego de graduarme de Sociología de la UPRRP, les juro que estuve fuera de la universidad por un año, desempleado, pensando si debía estudiar literatura o derecho y de hacerlo, imaginar cómo sería mi futuro siendo abogado posiblemente criminalista, o sea abogado del diablo, o por el contrario, educarme en el oficio de escritor y a la vez capacitarme como profesor e impartir cátedra, lo pensé por meses, y supe que en ambos extremos, como abogado o como escritor, la facultad de diablo, de “como quien dice” mentir para ganarme la vida siempre estaría presente, así que, abandonada ya la inquietud de qué me depararía en el porvenir por vivir de la mentira, le pedí a un gran amigo que me dijera su opinión sobre el asunto. . . Me dijo, el dinero viene siempre, no importa en qué trabajes, tienes que dedicarte a algo que al despertar, cuando tengas que ir cada día al trabajo te sientas bien con lo que haces, que sepas que todo estará bien porque la bonanza llega cuando hacemos lo que debemos hacer. . . Y así lo hice: Gracias Edrick Colón Cádiz por tu amistad y tus palabras: gracias a mi padre y a mi madre, a Miguel Pruné por nuestra labor y por mantener en pie La Generación del Atardecer y nuestra editorial Gato Malo Editores.

Edrick Colón Cádiz

ARQUITECTURA DE MARLENA Y DE LA NOVELA MARLENA

    Ángela López Borrero                                      
            Mientras cursaba la maestría pude reconocer en el registro narrativo de mi escritura una cualidad que continuaba haciéndose presente en los talleres de cuento: la novela.

            Para construir mi tesis enfocando la obra en el registro narrativo que exigen las novelas, primero hice una cartografía que correspondiera a mi gestión cultural: esto fue posible debido a los cursos de teoría literaria y a los talleres de cuento en la maestría, donde semanalmente debía reiterarme en el compromiso de crear buenas obras (con pie forzado, con un número especifico de páginas y con los deadlines asesinos de una semana) y al mismo tiempo, leer y respetar la labor de mis compañeros, analizando sus obras con el bisturí de la sinceridad y la excelencia que se espera de todos al momento de compartir los textos con la clase. Esa horripilante pero satisfactoria tarea de escribir y confrontarse con el bisturí del otro funciona. Funciona para capacitarnos y para alcanzar la perfección; funciona para que nuestras obras sean lo que deseamos de ella, para producir literatura sin perder conexión con los lectores. De ahí radica la obligación que tenemos de leer a la saciedad las obras clásicas, de exigirnos la lectura que autores de universos desconocidos han sabido vivir y escribir; solo luego de habernos empapado de literatura es que debemos escribir. En mi caso lo hago siguiendo una genealogía creativa que algunos hemos podido reconocer como herramientas para el bien de una producción literaria y comprometida.
Brenda Bey
            El hecho de poder escudriñar el universo mediante las literaturas de otros tiempos y de civilizaciones distantes es posible leyendo obras clásicas incluso visitando obras pertenecientes al mundo según lo conocemos hoy, por ejemplo, obras de nosotros, los gestores culturales contemporáneos pues en esa lectura sucede un encantamiento, un romance (romance así como lo define la Real Academia Española, hablo del idioma español, la novela, la prosa, el verso). Asimismo, somos voces del romance por la vocación de escribir; si estamos comprometidos con el oficio terminamos reproduciendo signos y vidas que pueden transmitirse en la literatura porque las percibimos nuestras para moldearlas en la narrativa, lo que escribimos siempre debe estar a nuestro alcance y al alcance del entendimiento de quienes leerán. Estos son los romances que en el momento de escribir se establecen en el autor, en las distintas formas de su creación literaria, sean micro cuentos, exegesis o en aforismos por mencionar algunos ejemplos.

Marcial Torres
            El autor decide cómo manifestarse en la escritura y, gracias a la cátedra, he llegado a la conclusión de que la calidad de la obra y el éxito de los autores, corresponden a la formación literaria de cada persona así como a la disciplina que amerita el oficio: debemos enamorarnos de todas las técnicas, teorías y movimientos literarios que encontremos en la faena cultural. Pero siempre hay que estar conscientes de cuáles romances son dignos de perseguir y de cuándo es menester abandonarlos para originar nuevas voces y publicaciones que no estén bajo los parámetros de las influencias que conocimos.

             
            TOTALITARISMO EN LA ESCRITURA
Miguel Pruné

            Marlena es el amor por la solidaridad, es el dialogo, la advertencia que necesita llegar a una generación decadente que viaja junto al nihilismo: nihilismo que le fue heredado. Marlena es el relato de cuatro generaciones en revolución a través de la vida de una mujer puertorriqueña. Marlena es una propuesta de una mejor vida.  
            Es por eso que en Marlena escribo sobre la memoria de una verdad, y según lo dicta el motor literario que pretende llegar a la mayor cantidad de lectores sin importar lugar ni idioma, en la escritura de la verdad en Marlena y sus personajes es donde se originan las narraciones y diálogos entre personajes idos o próximos a fugarse; las vidas narradas en esta novela han sido distribuidas adredemente con la intención de alterar el estado emocional del lector. En Marlena, el lector conoce las vivencias de cualquier ser humano, situaciones reales que pueden ser fruto de una verdad de otro tiempo y que ahora se hicieron piezas claves para fundamentar el hilo narrativo de la novela.

Ángel Delgado

            Esta novela porta su razón de ser en un sarcófago que solamente puede romperse con la lectura que el autor ha construido, no pretende someterse a la subjetividad del lector. Marlena y yo, el autor, hacemos apariciones fugaces para asegurarle al lector una ruta a seguir; la novela se construye en un Puerto Rico donde la lucha política y las cotidianidades que se experimentaron durante las revoluciones teóricas, de acción directa y clandestina; lo hago enfatizando un entendido de corte marxista que habla sobre la disparidad entre la lucha de clases que tantos vivieron en las décadas de los sesenta, setenta, ochenta y noventa (en dicho contexto, solo hago referencia a la cotidianidad de las relaciones humanas, de esa manera evito caer en el error del panfleteo o en la usual cantaleta que ha sido narrada a la saciedad por otros gestores culturales puertorriqueños), sin embargo, sí presento la escritura de una obra dedicada a la lucha isleña y caribeña porque, como la represión estatal y la paranoia debido a la persecución fueron y son situaciones reales, ahora más que nunca los temas y propuestas de identidades alternas merecen discutirse abiertamente.
            En vez de crear narrativas de la víctima o del trauma de la colonia, he preferido utilizar la droga, el alcoholismo y la decadencia social (o sea, lo que ocurre tras el conocido hilo de la historia y las revoluciones). Así conocemos a Marlena (la niña, la adolescente, la mujer que sobrevive a través de los capítulos, la relación con su padre el veterano de Corea, la relación amorosa de Marlena y Sylvia en el Río Piedras aquel incógnito ocultándose del CIC de Barceló, del Río Piedras  que, todavía hoy, continúa siendo un enigma para quienes no han habitado en sus edificios, bares y calles: (¿Ustedes saben de qué hablo, no?). En la novela, las experiencias y las vidas son atornilladas a las páginas, no hay manera de que sean extraídas de su entorno; el objetivo es que el lector solo pueda adentrarse en la narración de lo que fue la vida del personaje y su entendimiento limitado del mundo que la rodeaba, asimismo, el lector conocerá sobre la liberación sexual de una Marlena que está exenta de justificarse ante el lector por lo vivido, por el advenimiento de la droga en su vida como un eterno norte. Sin embargo, sí es posible que el lector pueda darse el gusto de pasar juicio sobre algunos personajes de la novela, esto debido a que la propia composición que hice los invitará a cuestionar el objetivo y razón, a veces malévola o inquietante de varios personajes. 

            La organización de los pactos o capítulos fueron colocados en medio de dos ensayos que, yo, el creador siempre totalitario, preparé con la intención de mantener una cadencia rítmica en la lectura que además de crear orden también me permitiera mostrar los cambios emocionales y lo que fue la vida de Marlena.
            Así, mostrando el mundo según entendido por Marlena es cuando utilizo técnicas como el monologo interior, entonces la propia Marlena se comunica con el lector, y en algunas ocasiones soy yo quien intervengo. . . Y ese intervention se debe a la relación humilde pero glamurosa que el autor debe mostrar respecto a cómo será percibida la lectura de su obra. A los lectores hay que construirles el universo de la obra dentro de una subjetividad que sea solo nuestra, del autor, hecha con toda intención para reinar sobre las dudas que puedan suscitarse de su obra, ya sean a raíz de la redacción deficiente o por el contrario, en la efectividad de una arquitectura de excelencia que no sea víctima del reino de las singularidades que cada lector trae consigo a la hora de leer un texto: debemos buscar la universalidad para dejar en claro la labor revolucionaria de nuestra escritura.
            Quiero agradecerles por la dura cátedra; (mentores como Emilio Del Carril, mi lector, a Juan Duchesne-Winter, lector, el profesor Padua, José Borges, a Alberto Martínez Márquez que me presentó la obra de Padró); a mi directora de tesis, Ángela López Borrero, también a mis amistades (Brenda Bey, Antonio Ramos y su “opuesto” el mayor Freire de la Guardia Nacional, Marcial, María Elizabeth, María de Lourdes, a ellos y al personal de la maestría les digo esto:
            Cuando pensaba en esta maestría no imaginé la labor que me esperaba ni las exigencias que deben regir la arquitectura creativa para mantenerse en conexión con la obra literaria que trabajamos. Durante cátedra pude llegar a la conclusión de que, el autor, por más cadáver, invisible o zombi que lo entiendan los sistemas actuales de conservadurismo, que la diferencia entre un autor sin voz y un autor totalitario se debe trabajar a la hora de la creación, esto pues su labor se transmite de tal manera que permanece inmune, solamente si el autor tiene control total de su poética, de sus narrativas, de su propia vida podrá producir mercancías universales y transfronterizas.

            Los movimientos literarios pueden parir miles de criaturas pero su permanencia dependerá en si quieren morir sin bautismo o si su objetivo es cuidar el porvenir de su trabajo para cualquier casa, para cualquier generación que le preceda o que viva junto a la producción de su obra.
 
Gely Rivera
LAS PERSONAS Y LOS PERSONAJES EN MARLENA

            Por eso Marlena y las vidas en la novela se manifiestan desde los experimentos que me arriesgué a reproducir, escribiendo personajes mediante la ficción pero siendo moldeados desde mi propia narrativa: la narrativa de sus vidas es en sí la realidad, los personajes son personas: no son mutables porque ya sucedieron; son como fantasmas, por tal razón se mantienen intactos. En la novela Marlena, el lector no puede intervenir en el plano de lo desencarnado sin antes aceptar el riesgo de perderse, riesgo que desde el inicio de la novela se advierte utilizando una especie de Arma de Chejov que supone la relevancia de todos los elementos mencionados, si el lector no desea seguir el orden mostrado a través de los ojos de Marlena, el lector podría enamorarse del mal que rige las vidas de los personajes. Con esta técnica busco que el lector tenga cuidado, que no vaya a equivocarse en el error de traducir su función de espectador confiando en los flujos de conciencia o en los montajes que en ocasiones la personaje central presenta como esencialismos de vida con el objetivo de sobrevivir en el terreno del yonqui.
            Esa maniobra de advertir sobre las posibles mentiras de Marlena y su intención de escapar con el lector hacia una dimensión desconocida es parte de la trama, de esta manera la obra es inclusiva; pero solo aspira a buscar la supervivencia de la humanidad: sin usar moralismos corporativos tampoco de religiosidad. En cambio, ofrece un viaje por el mundo de lo desencarnado dialogando con una espiritualidad caribeña que se aleja de la opresión y los dogmas. En Marlena hablo sobre cómo el lector puede experimentar vidas mediante la novela sin terminar en la telaraña de leer párrafos y párrafos justificando maneras tales de vivir como únicas opciones; opino que ese es el conflicto que formaliza mi objetivo con la obra que hoy les presento públicamente: refugiarme en la verosimilitud de los personajes y en sus vivencias pues con la lectura y con el hecho de confrontarse con dicho caos, con la otredad, ni la novela ni los personajes son posibles de moldear según lo dicta el gusto inquisidor del lector.

            Mientras mis compañeros y compañeras de la maestría escribían pude reconocer en su labor una genética, que siendo genética los hacía voces literarias distintivas. Esa cualidad es la que sobrevive a las rupturas de época. . . Nos mantiene centrados en el oficio. . . Brinda un caché, no el literario, hablo del caché de la cinematografía: hago referencia a la técnica nuevamente: funcionan como telescopios, como binoculares para capacitar nuestra obra con una especie de gríngolas necesarias para que el lector sea fiel a la visión que deseamos brindarle.
 
Carlos Francisco Soto Rivera
            La novela titulada Marlena apuesta al ritual que coloca como maestro de ceremonia al autor, no al lector; pero nunca pretende confundirlo ni crear desconfianza, por el contrario, busca solidificar lazos con la comunidad: comunidad de lectores, comunidades externas al círculo literario, incluso de la comunidad cercana, entiéndase las familias, amistades o en el mundo laboral fuera de la academia y la universidad. Me reafirmo en que ahí es donde deriva la conexión decadente o un acercamiento que resulte ser exitoso con los lectores. En Marlena y en mi literatura niego la muerte del autor utilizando la metodología y las poéticas según entendidas por autores que hicieron teoría de sus obras: Poe, Cortázar, Alejo Carpentier, por mencionar algunos.

            ¿Por qué Marlena es una bofetada en la cara de las revoluciones culturales de otras épocas
         Porque la literatura existe desde una genealogía que siempre ha creado identidad, sobre las bases de esa identidad es que se fraguan nuestras obras, en el proceso creativo. En mi caso, con la novela Marlena, prefiero edificar narrativas del mal para advertirle al lector sobre la mentira que pretende eliminar las mercancías revolucionarias que tienen a su disponibilidad. . . La novela no aspira a estar desafinada, por eso hago una mímica del desastre mediante la memoria de Marlena pero, al mismo tiempo, vigilo que la lectura sea amena, podría hacerse un universo de cada escena, a veces crudo, a veces utilizando el humor negro: creo en el pacto (no en contratos porque los contratos caducan y pueden alterarse). Así evoco la supremacía del autor, con tal de que sus palabras sean portadoras de la capacidad proporcionada por la modernidad para que los gestores culturales pudieran narrar los roles de los actores sociales que reconocieron suyos. La diferencia es que propongo una aldea universal desde la sociedad caribeña que comenzó a gestarse en la década del sesenta y no en los cuarentas o cincuentas como sucedió con la generación beat en los Estados Unidos. De igual manera, las narrativas se distribuyen con los personajes que pueblan los pactos o capítulos, entre la nubosidad del ejército norteamericano y las ficciones de lo raro que la cultura coreana inyectó en nuestros soldados puertorriqueños durante escenas que presentan combates breves y situados en el mundo de una voz que interviene momentáneamente con los personajes en la novela y con el propio lector.
Ana E. Rivera Colón y Daniel Márquez Hernández
            Marlena queda en pausa; así hago narrativas del recuerdo de otras épocas, por eso el personaje del padre (por ejemplo) tiene una composición anacrónica, debido a la forma cómo se hace parte del hilo narrativo, nunca adquiere vida pues es el recuerdo de lo que fue en vida para Marlena. Esto no implica que utilizo el hipertexto, si no que protejo la continuidad de la narración fragmentando el mundo de la obra alrededor del personaje central: en Marlena, con ella es que el lector se confrontará.
            Marlena, el personaje, la novela, el autor, los pactos y las escenas están cimentados en el reino de lo humano. La moral correcta para que el lector pueda identificarse con la novela le pertenece a la construcción extensa de las vivencias de los personajes, en las relaciones humanas, no en el desconcierto. Lo visual y la propia palabra con su orden premeditado son el mecanismo para buscar relacionarse con el lector; relación que debe conocer la manera de ser eficiente con la comunidad a la que pertenece.


            ¿Por qué Marlena reproduce las revoluciones culturales de los sesentas hasta el presente sin tomar en consideración las revoluciones caribeñas?
            El distanciamiento responde a la posibilidad de calcar la cultura pop para descártala. . . Las revoluciones del Rasta, la otredad haitiana, cubana y dominicana son en sí precedentes de una gestión cultural que permanece nuestra, no deben caer en el mausoleo de movimientos fallidos. Marlena miente ocultando su identidad puertorriqueña en pactos de la cotidianidad riopedrense, en la diferencia de edad y el vivir en el campo, en la isla, no se limita a dar la versión de una metrópoli del conocimiento.
            Marlena llega a la frontera de lo real maravilloso americano que Alejo Carpentier habló, no en el mágico realismo europeo. Esta novela se detiene a orillas de la carretera por un momento a dialogar con lo desconocido auspiciando lo real maravilloso puertorriqueño que, aunque siendo caribeño, persigue bonanza para los gestores culturales en la época actual, en el caribe del año 2014, para la presente generación y las venideras. . . 
Fragmento titulado, Teoría del Cristo Tecato o del Cristo Caminante:
<<Cada vez que una cucaracha de sombra aparecía, Sylvia y yo limpiábamos el piso; hacíamos la pócima limpia pisos con detergente y extracto de eucalipto para verterla en las losetas, para dejarle saber a los fantasmas que en nuestro hogar éramos solidarias con las esquinas muertas de las casas pero que, para nosotras, igualmente era imperativo eso de que los muertos debían mantenerse 10-29 (o sea, paralizados, en Stand by) en exactamente esas esquinas: las esquinas muertas que se establecen en las casas; nunca deberían estar merodeando por la habitación ni debajo de las camas, menos por la sala o el comedor. (…) En una ocasión pude imaginar lo siguiente: imaginé a decenas de demonios y de mujeres desnudas (pequeños y pequeñas criaturas) del tamaño distintivo con el que suelen diseñarse a los pequeños y pequeñas criaturas de fantasía en Jolywudlandia. Cerraba los ojos y sentía a las criaturitas, danzaban encima de mis labios y alzaban vuelo conjurando acrobacias inexplicables hasta que regresaban, aterrizando en mis cachetes o en mi cuello. Ese bailoteo no provocaba miedo ni era desagradable, lo percibía como si hubiera una fiesta en mi boca. Me alimentaban con chocolates deliciosos mientras reían y se movían por mi torso, yo les daba mordiscos; en esta ceremonia de degustación mi cerebro se abría convirtiéndose en mantecado.
Yo era el mantecado, así me sentía, como convertida en un mantecado delicioso que licuaba mis órganos y que me expulsaba dulcemente por mi propia boca. Lentamente sentía cómo nos hacíamos parte de la droga, la boca, el mantecado, los demonios y las mujercillas desnudas con aquellas alas rotas y oscuras y blancas y sucias y grisáceas que bailaban en mi boca: en heroína, todos éramos uno. >>