jueves, 17 de septiembre de 2015

LA TEMPESTAD ALFA

La familia de don Rafael Errázuriz Urmeneta, Joaquín Sorolla y Bastida (1905)

Soy como esas viejas maniáticas que ven en todo desconocido un asesino.
                                                                                       Emil Cioran


mire las garras de la vida limando el hueso de los niños
mire a los niños comiendo de los bollos enfermos en una lombriz
su linaje vanagloriado de usar navajas y a sus estómagos abiertos
los niños que duermen pasmándose las venas en cucarachas
en las ropas de una infancia posta que les regaló Satanás   
mire las víboras goteando una ciudad manca en la cabeza de todos
mire la fiebre de los niños albergando lepras invisibles en la boca
con su tufo de miserables estrujándose por las calles y en las gentes
mire a los niños difuntos a lo lejos y en las agujas de Río Piedras
y mire la fiesta borracha de su alma en las tripas de un desierto;
                                   siempre niños, siempre enamorados.

“Lay your head where my heart used to be
Hold the earth above me
Lay down in the green grass
Remember when you loved me.”


CERVEZA Y CASTORIADIS


No hay nadie, pero hay alguien escondido en las puertas.
Silvina Ocampo


el océano atiborrado en mis ojos
en las bocas de una reina invisible
parecidos a ella son el sol y sus hijas
con dedos uniformes, con siglos de soltura

ese plato de rayo en mortalidad
y un entenderse en cerebros microbio

la primera cama de infancia para vivir en esta isla
mi otro rostro que habla de paz
de una canción para sentarme cómodo en el mueble

es hora de lamer el cuerpo de los ángeles
rociar mis colores sueltos en la herida de una lengua
de volver a itinerarios de una sola llave
de andar en el teukhein
de tocar el pasmo de la noche.