sábado, 26 de diciembre de 2015

CARNICERÍA DE POETAS // NADIE EN LA CAMA | Daniel Pommers

Paul Gustave Doré (1832-1883)


Este país hambriento florece en reinados de terquedad
En gusanos, en movimientos bufo, infecto de alegría.
Este país es una fábrica de ordenamientos en extinción
Un catarro disidente donde las muertes se amontonan
Y las piedras son ataduras para tachar el calor de los instrumentos.
Somos columna de sal en la arrogancia de un maníaco  
En juventudes que vomitan ejércitos de alcahuetes sin luz
En una misión indefinida: custodiar las materias ultramundo
A las vergas libertas que se mudan de virtud abandonando lo normal.
                        Pero
En su ineptitud, los descendientes de nadie viven refugiándose en el vacío.
El imperio agoniza durmiendo sobre las heces lardosas, en su maleficio:
En una suerte de enfermedad que vino a la isla y con ella, los galenos errata,
Los gremios contentos, el fundarse en riñas, en increíbles cosechas de nevera.
Así son las almas cerdo, se ocultan en aire acondicionado y en cenas trampa.
Almas nonadas; tropas de aseo liberal para purgar las islas de nuestra estirpe.

Mirándose káiser de todos se piensan vencedores
Con el clavo de esa mentira ambicionan nación.
                        Pero
A los oficinistas de turno solo les agrada irradiar una Verdad, una Cultura.
Los oficinistas de turno buscan escenarios limpios en fondas invisibles.

                        Los oficinistas de turno siempre fracasan.
No pueden ver el rayo de la calle.
No pueden ver las matemáticas de una guerra.
No pueden ver los agujeros de la escasez.
No pueden ver el golpe infinito de los disparos.
No pueden ver el rostro en las tumbas de su país.
No pueden ver signos de vida en las sonrisas de Nadie.



NADIE EN LA CAMA


Nadie desnuda su boca
Nadie vive en la luna
Nadie escinde su garganta para nadie
Nadie sabe oír las rabias cotidianas
Nadie podría amar una sonrisa honesta
Nadie estuvo de viaje con las mariposas
Nadie olvida que somos gracias a la muerte del rey
Nadie me hizo el amor todas las noches
Nadie olvida mis poemas tristes
Nadie soy yo durante mis sueños
Nadie vino alegre pero comió de mí
Nadie regresará siendo la reina de mis noches
Nadie se arriesgará a vivir conmigo
Nadie será la anciana que algún día visite mis huesos.