Mostrando entradas con la etiqueta H.J. LEONARD. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta H.J. LEONARD. Mostrar todas las entradas

sábado, 19 de septiembre de 2020

FTII: poema de H.J. Leonard

"Kali", guache y oro sobre papel, Jaipur, (1870)

 

FTII

La India se desnuda lentamente.
Muestra su cuerpo tímido,
hace tiempo no pasaba.
Pienso en su confesión
y le pido a los santos ayuda
ante la tamaña responsabilidad.

Pero vamos al mambo
mientras el incienso quema
y espanta las moscas
que se pasean tras el sueño
causado por la montaña de plástico
que dicen hola desde la esquina del
río que da a la ciudad.
Desembocadura donde los niños
pobres se bañan y se regocijan
en su tercer, cuarto y quinto mundo.
Allá donde las violaciones son
pan nuestro de cada madrugada.
La misma donde entre un techo que filtra agua
y un catre más duro que el suelo mismo,
allí, escuchando música psicodélica americana
de los setenta descubrí que valieron la pena los dos años
de penuria escuchando racistas escupirme que no entienden
mi acento.

viernes, 6 de marzo de 2020

Vuelve y aspira, aguanta y bota: 2 poemas de H.J. Leonard

Le Café de nuit, Vincent van Gogh, Óleo sobre lienzo (1888) 



Domingo de Río Piedras

No hay nada más lindo
que vislumbrar los tejados
desde la ventana de tu apartamento
a la luz del Belguel King y los gritos
de un tecato. 

Allá donde tu cuerpo se estira al igual
que tus gatos mientras la tetera azul neón
anuncia el café va a ser servido.

Allí en aquella mesa, lugar donde fantaseo 
treparte y arquear tu espalda enrolo 
un porro que tus blancas manos
encienden mientras cambio la canción. 

Nos movemos de las cursilerías de Drexler
a un punk francés que descubrí hace una semana 
y discutimos sobre los derechos trans
y el cómo en Puerto Rico apenas los negros 
nos vemos. 

Las horas pasan y la transferencia 
de saliva por chocolates del especial 
de Wolgrins no dan abasto
para llenarnos las panzas 
de tensión y mariposas. 

Mi celu suena. El deber me llama.

El silencio dice hola y tu cálida seca mirada
se convierte en desdén cuando 
el sensor prende la luz que chotea 
nuestras intenciones y otra noche


Turrón de Amapolas

La Chica en el Hostal zigzaguea entre llamadas,
el jefe jodiendo y el voluntario que yace muerto
a los pies de la alfombra. 

Se cayó del segundo piso 
en una jendía maltusiana 
de esas que se hacen famosas 
gracias a la indiferencia de
Mega TV. 

El estrés la abacora, me dice que enrole.

Allá en el cuarto 2, donde reside mi botín 
de guerra, pequeñas cosas que
se les quedan a los viajeros 
y hago mías a la fuerza, me siento 
con serenidad y calma a crear
mi próxima obra maestra. 

Son las 7:30 de la mañana, 
me acuerdo que hay café. 

Ya con el amansaguapos en la oreja
me percato ha llegado la inepta, 
sentada en mi asiento, 
y al verme bajar dos tazas 
de café se antoja de una tercera. 

Subo, bajo, saludo a la alemana
que aún anda consternada por el shock
de hace unas horas mientras el turista canadiense 
como si nada se va a hacer yoga 
con la maratonista de Brasil que acaba de llegar
de su corrida full tropical por la arena de Ocean Park. 

Esos dos hoy se chichan, más las tinas 
del techo del hostal serán testigos 
de los sucesos que predigo.  

Ya con café en mano y 
la ambulancia de camino
con el pobre chico que ha caído 
del segundo piso 
a la morgue más cercana 
donde un representante del consulado
español espera el cadáver para comenzar 
los trámites de repatriación, 
la Chica del Hostal con santa calma
manda al jefe pal carajo y me invita a salir. 

Yo accedo, soy también votado,
y me choguéo el café que ya frío 
de tanta espera me despierta
hacia una nueva libertad. 

Ya abajo, le paso mi obra maestra,
un 87/13 spliff puff puff gulú gulú y volamos. 

Ella aspira, lo aguanta, lo transporta
por su pecoso cuello hasta los labios 
recién pintados por el L’Oreal
Colour Riche Shine Lipstick 659 
que se ha tumbado de mi botín de guerra.

Te va a dar cangrena” le digo. 

Me mira, sonríe, se pone la mano
en la boca y en una morisqueta horrorizada
me dice “oh no, que tragedia”. 

Vuelve y aspira, aguanta y bota. 

Me pasa la obra y me dice “vayámos a Tostado”.

Sonrío y le contesto con pícaro gesto de flirteador 
profesional “solo si esta vez 
no haces esperar el enfríe del café”. 



martes, 17 de diciembre de 2019

Con la última estirpe: dos poemas de H. J. Leonard

Howard J. Morgan, 'Annunciation, Deep House', Óleo sobre lienzo


La chica de cortos rizos

Con genial sonrisa me mira

la chica de cortos rizos
mientras escribo estas palabras. 

Allá en aquel incómodo cubículo, 

rodeada de llaves y documentos
de viajeros ambulantes que 
pretenden una larga estadía 
en este trópico que promete un paraíso
pero no los medios para alcanzarlo,
allá, la chica de cortos rizos
enrola tabaco con la última 
estirpe de una fusión entre 
Grandaddy Purple y Blue Dream.

Me invita al techo de aquel viejo

edificio a catar el transporte 
que la llevará a pensar en una mejor
vida lejos de las quejas 
de extranjeros que han chocado con 
la realidad del tercer mundo. 

Tras tres intentos fallidos su Zippo enciende 

la llama que comienza 
la reacción química que promete 
tres horas de interminable pavera. 

Sus blancos dedos 

se enredan con los míos
mientras me pasa el spliff, 
simple acción que confirma mi sospecha 
y premedita una advertencia.

El turno de hoy promete. 


La Ascendencia


En la 54 de ese callejón 

olvidado en el tiempo,
los mejores días de mi niñez advertí. 

Recuerdo la ametralladora automática

que añoro aparezca en los escombros
del techo derribado donde descansaba
el viejo telescopio. 

Recuerdo el revólver mi tía abuela

deciá “eso no sirve, es para
asustar nada más”. 

Pero el presentimiento de que luego 

de la vandalización de aquel 
templo de mi infancia,
aquella vieja pistola
ha dado muerte a uno que otro sicario
en las parcelas del campo aledaño,
es tan real como el olor a pimientos 
frescos que aun resguardo en mi memoria
cada vez que la nostalgia me invade 
y decido refrescarla con una visita
a aquella caída fachada. 

Allí se decía que en mi familia

sus mujeres eran de casta noble catalana,
fogosas amantes que aprendieron a
amasar pequeñas fortunas 
que perdían en la lujuria 
culpa de amores no correspondidos 
o justificados antes los ojos de Dios. 

El pueblo comentaba a espaldas 

de las desgracias, recordaba mi abuela. 

Por ahí viene Miss Ramírez, 

con cartera nueva y
pintalabio fresco.
Ha bajado del tren de San Juan
con paso turbio a la Berreteaga
decían los chismosos 
con caneca en mano.

A lo que mi bisabuela gritaba

sin que le titubiaran los dientes
aquella tarde de 1943:

Antes puta que sumisa, pues

este chocho es mío y le debe
cuentas solo a Dios”. 

miércoles, 4 de septiembre de 2019

Vivir en el trópico era cosa seria: tres poemas de H.J. Leonard

Hans Bellmer, Retrato de la madre del artista, Tinta y guache sobre papel (1954)


Mi abuela

Mi abuela es una mujer
de humor tajante. Estatura achicada,
por la edad, pero de frente altiva
y espaldas anchas. Y aunque
achacada su memoria está fresca.

Su mal genio, desarrollado
por la pesadez de la vida,
se ha desmantelado, creo yo,
debido al porvenir de las pocas
primaveras que le quedan.

La aspereza de sus manos
no se siente. Manos que labraron
la tierra, secaron ropa, lavaron casas,
y sacaron agua de río.
Manos que hilaron tabaco, criaron
dos hijos y en la diáspora
nuyorquina secaron lágrimas
de incansables noches de llanto.

La aspereza de esas manos
no se sienten. Bed, Bath, and Beyond las banalizan gracias al poder adquisitivo que el fruto de una pensión heredada, sudada y trabajada le brindan
en cremas aromáticas.

El carácter de mi abuela
es incorruptible. Su endurecimiento,
producto de 1,000 varitas
de guayaba,
se percibe en su presencia.
Por eso los suntuosos instantes
de genuina ternura se sienten
vespertinamente reales.

El café de mi abuela es el mejor. Juraíto. Lo cuela en media y lo endulza con leche evaporada.
Lo sirve en una taza pequeña
para que te quedes
con ganas de más.

Y lo extrañes cuando te vayas.
Y lo extrañes en las mañanas.
Y lo extrañes en el trabajo,
en las tardes y antes de acostarte.

Su cocina la embellecen 15 gallos,13 vacas y una colección
de frutas que ella deja madurando cerca de la ventana.

Por las noches le reza
a 3 Vírgenes, 5 Santos,
a Cristo y a Dios.
El padre nuestro nunca falta.
Agarra su rosario y lo entreteje
en sus dedos. Te mira desde
lejos y con los ojos te dice:
No entres. No interrumpas.
Estoy orando por tu salvación”.

Le encantas las películas mexicanas,  el aguacate y la música de trío. Ir a Capri,
hacer compras en Selectos y que mi tío  la lleve a comer, usualmente, a los mismos
restaurantes. De esos que sirven arroz.

Por que ella no puede vivir sin ese grano. Se queja si no lo como. Me dice: “Se nota que no has pasado hambre gracias a mi esfuerzo”. Tiene razón. Gracias a su esfuerzo vivo en privilegio.



La Matriarca

La matriarca hoy cumple 77 años
Mira con altivez al resto de sus hermanas,
las que quedan,
y les dice “hoy es mi día
no me jodan”.

La matriarca hoy se ha levantado
con ardor en las piernas
e hinchazón en las rodillas.

Aunque molesta, agarra su bastón
y le dice a mi madre
quiero que me lleves a la tienda
que hace falta pan y leche”.

No sin antes hace café
para los noveleros
mientras perfuma
su cuello con
lo último de Avon.

Los cristos la miran desde la ventana
allí yacen crucificados frente a
15 vírgenes recién parías cuyas
manos relucientemente doradas piden
piedad por todos nosotros.

Hemos llegado a la tienda.

La matriarca se queja del dolor
pero aún así prefiere caminar
sin su bastón.

Le da vergüenza el no valerse
por ella misma.

Siempre fue así
me dice mi madre.
Orgullosa”.
Parió dos muchachos,
pero la necesidad la obligó
a criar solo a uno.

Se jodió los pulmones trabajando
para mantener a los médicos
en sus Mercedez.

La Matriarca hoy cumple 77 años
y se ha ido a acostar.

Luego de una pizza de Costco
y un bizcochito con la familia
adornado con una velita reciclada
se recuesta en su cama y acaricia
su rostro.

Se levanta y se mira al espejo.

Nito yace detrás de ella y abrazándola
sin dejarla ir, como aquella vez
en la casa al lado del plantío,
le recita un poema.

Te tardaste como siempre
sinvergüenza”, le dice.

Luego de 16 años, al fin,
la ha venido a buscar.



Fantasías Desprivilegiadas Pt. 1

Por las rejas el sol se asienta.
Con este el polvo.

El polvo entra por las rejas
enmascarando la cara de Pulpo.
un sato que llegó a la casa luego
del funeral Cholo, el primo tocón
de Gloria.

Por eso a Gloria no le gustaba
ni Cholo ni que abrieran
las ventanas. Pero que se podía
hacer si desobedecer
no estaba en la subasta de opciones
que me daba Mother.

Vivir en el trópico era cosa seria
más cuando se hace al lado
de una carretera

Por ella viajaba a toda velocidad
montado en los carros
que Luisito sacaba del taller al lado
de su casa, para ir a hacer
cualquier Barrabasaba

Por lo menos así le llamaba Gloria
que no hacía más que trabajar
en Econo para sustentarnos a mi,
a Doris, a Yamiel, a Mother,
a Pulpo y Santito

De todos los jevos de Gloria
ese nunca nos tocó. Mother decía
que teníamos que siempre dar
las gracias pues el Señor
lo puso en nuestro camino.

Un verdadero siervo del señor”, decía.

Su único vicio eran
los caballos y el ron.
Aunque fue el menos
que nos duró, su falta
se hace sentir en la sala
lugar donde paseaba
la panza al son
de Lo sé Todo.

El polvo entra por las rejas
le prende el asma a Mother.
Me grita siempre ahogándose
Traime la bomba negrito
que me muero”.

Ella era una hermana
de verdad. Se la pasaba
siempre que podía metía
en el culto orando por Yamiel,
que para aquél entonces
estaba descarrilao”.

Ese hermano tuyo estaba
 bien hasta que se empezó
a juntarse con los muchachos de la 20
me decía ella cada vez
que pasábamos cerca
de aquel Punto misterioso
donde las camisas
a los nenes le llegaban
hasta el ombligo.

Ya para aquél entonces
a Doris Margarita Gloria
la había botado de la casa
por pasarse con Nota,
un panita de Luisito que tras
su muerte le había encargado
a mi hermana el cuido
de su segundo hijo.

Holyke es bien bonito.
Eso sí, mucho frío” me decía
ella cada vez que Mother
me pasaba el teléfono para
que escuchara su voz.

“¿Y el nene, está grande?”
preguntaba Mother a lo que
ella siempre respondía
Ya no se quiere dejar cargar”.

El polvo entraba por las rejas.
La vida era simple en aquel
apartamento cerca de la carretera.
Mis atardeceres se pasaban
contabilizando los carros
que pasaban por colores, tipos y marcas.

No me gustaba que en Año Nuevo
no podía ver los fuegos artificiales.
Siempre los tiraban
pal otro lado del caserío.

No nos dejaban ir allá,
Gloria por miedo
a que nos tirotearan
y Mother por miedo a los de la 20.

No fue hasta que tuve mi primera
noviecita a los 12, Margarita,
una nena bien bonita de la iglesia,
que vi aquellas líneas de colores
mezclarse con los tiros
que los gatilleros sincronizaban
a la vez con las detonaciones
y los destellos.

El mamabicho de Juanqui decía
que Margarita mamaba bicho por $5 pesos
detrás de parque. Pero los nenes hablan
mucha mierda para hacerse
los más machitos.
Y como Margarita siempre
lo negaba nunca les hice caso.
Ella era bien buena.

Yo sabía que ella era buena.
Siempre estábamos juntos,
excepto en la iglesia.
Mother decía que eso no era lugar
para hacer fresquerías.
Así que las hacíamos detrás de la cancha.
Ella sabía un lugar secreto.

El polvo entró por las rejas
un 25 de julio del 2011.
Vimos el derrumbe por televisión
en nuestro nuevo apartamento
 cerca de Villa Palmera.
Mother no pudo verlo.

Se había ido a morar
con el Señor hacía a penas 4 meses.
Doris ya iba pal segundo
nene pero le iba bien trabajando,
al igual que Gloria, en un supermercado
donde viejos racistas la insultaban en inglés.

Yamiel ahora era artista,
o por lo menos eso decía
él en las postales que nos enviaban
desde Atlanta.

Decía que era una ciudad bonita
pero que tan pronto
pudiera se mudaba pa Nueva York,
lugar que él afirmaba,
daba más oportunidades a las locas”.

Gloria sigue en Econo.
De allí nadie la mueve.
El problema es que ahora
la cosa se complica
pues tiene que coger
dos AMA y una pisicorre
en lo que junta los chavos
para arreglar el carro.

Yo estoy bien. En la lucha.
Como Siempre.
Ahora yo soy el que llevo a las noviecitas
a un lugar que tengo set en un palking en Carolina.

Ya el polvo no entra por las rejas.
Eso es cosa de pobres.
Nosotros si salimos. Nosotros si salimos.

domingo, 5 de mayo de 2019

El vodka con toronja era mártir: cuatro poemas de H.J. Leonard

Henri Michaux, 'Gouache sur fond noir', guache sobre papel negro



Escala de dolor

             la negrita
Una vez una jeva me preguntó:

“¿En la escala del 1 al 10,
cuánto tú te quieres comer
este pusi?”,

Vida 1, Harold 0

No pude con el pasme.



Purgatorio

Hace tiempo que no escribo
ya no me llegan frases
como antes
así de la nada

Las esfumaron
ya no hay dolor
que inspire
ni razón para beber

A veces paso por el “Call Center”
y me entran rastros de ansiedad
pero se me pasan

Ahora estoy mejor
ahora estoy mejor

Ando aprendiendo idiomas
ando ahora en lo mío
no te extraño
salvo cuando me acaricio la nuca

Ya por ahí nadie pasa
cerraron la barra
aquella en donde
nos hacíamos ojitos

Aquella en donde
el vodka con toronja era mártir
que hacía fluir el helado mar
de celos innecesarios
que culminaban en papelones,
largas caras y disculpas
por whatsapp

La luz roja detiene mi curso
miro por el retrovisor
y pienso mientras me río

Qué bueno que ya pasó,
qué bueno que ya pasó.



Puerto Rican pastoral

Una capa de arena batida
con piedras del río oxidan
los pistilos de la Flor de Marta
que adornaba la vieja casa.

La brea se ha agrietado.
Los caminos de paja seca son.
Manchas de estiércol
de caballo chongo o de vaca escapá
se mezclan con latas de keystone
reflejo de una noche en la que
los machetes no robaron
(probaron) sangre.

Allá en el cerro las abuelas
encienden bembé.
Las que están de fiesta con bingo,
quesito y juguito.
Las que están de luto con plegarias
a la virgen, juguito y quesitos.

El río es cama de jicoteas
que sigilosamente se esconden
al ver la caza de buruquenas
sofocadas al fondo de la red.

Las guábaras caminan por la tierra
hasta tocar los troncos destruidos
mientras las chopas danzan al pie
de las charcas.

Los quinqués se extinguen,
las negras ya no cantan
en la iglesia.

De canarios solo quedan los ojos,
azules como el cielo,
verde como la pradera.

Ya al sur se prenden los montes
con la seca que el gobierno premedita.
El cambio de temporada se avecina.
La primera lluvia de mayo
se da en noviembre, pues el llano
se cansó de mudar el marrón que anuncia
la esperanza del fin de la huracanada,
yerro agigantado por las migajas,
que no por escasas, no nos quieren
tirar más.

Bomba.



El Post de Raúl

“La Upi cierra, y las calles están vacías,
con “Estamos Bien” a todo volumen.
#Puertoricoselevanta”.