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jueves, 16 de junio de 2016

Libre caribeña: En crisis puertorriqueña por {Don Sentido Común}

I
Libre caribeña, llena de ilusión, por la colonización implantada en tus lóbulos.
Libre la visita del indio antillano, quien ensilló con sus paisanos la canoa trunca y hueca, rellena por la meca del taíno borincano. Defensor politeísta, cazador y compueblano, fuiste solo un turista en un hábitat cristiano.

Caribeña libre; baila el mar en tus caudales, entre los cúmulos de arena, donde asoman tus palmares.  Entrando por las remisas, del antillano secuestrado, se filtra un español tirano, camuflado libertador. Corta en sangre, evoca chispas, entabla sanciones libertarias; juega el blanco industrialista en el cañaveral.

Antillas caribeñas, en responsable cumplimiento histórico, tomen nota de esta colonia, cuyo fruto es melancólico.  Ante las Antillas colonizadas, sufren los indígenas atónitos, al tener conocimiento que sus dioses fueron lúdicos. Arcaicos y Arahuacos, cultivaron con orgullo el fruto, presentando un legado consciente, y murieron lentamente evangelizados y colonizados.

Taínos y Caribes, en constante movimiento marítimo; cuentan de líderes únicos, que llevaron el siguiente mensaje: ¡Queremos un Caribe unido, sin pieles blancas ni esclavos! Y así fueron traicionados, por la Iglesia Católica, quienes purificaron nuestra historia en sus biblias tronchadas; queriendo a su amada España, por encima de sus colonias.
II
Puerto Rico caribeña, violentada verbalmente, por el que no habla tu idioma, por el que siembra tu muerte. Cantan loores de unos días, cuando luchábamos por nuestros derechos, porque teníamos de frente el pecho y en la espalda los intereses.

Entre otros horizontes, rugía la lucha armada, por la independencia cubana a tono con el Caribe. Héroes anónimos, Betances y Martí, en discursos unísonos, libertadores fugaces. Antillanos macheteros, cortando la sangre corriente, clamando derechos humanos y dándole vida al guerrero.   

Celebran la independencia cubana, ¡Viva Cuba Libre!
Y se estrella el ave manca sin hermana antillana,…cuya historia nos contaba, con cariño y fervor Lola:
Cuba y Puerto Rico son
de un pájaro las dos alas,
reciben flores o balas
sobre el mismo corazón...”

Siglo XX de amargura, pura lluvia encarrilada, hacia un malvado encuentro con la invasión norteamericana. Rifle santo, santa águila; cobijando el manto blanco. Don Albizu Campos en oratorias callejeras, llama Yanqui al enemigo, lo torturan y encarcelan; sin ningún recuerdo a su lado, de lo que solía ser su bandera.
Ondulando nuestra bandera, mueren nacionalistas marchando, acribillados por las cincuenta estrellas, en manos de policías hermanos. Llaman crimen a la defensa de su patria puertorriqueña, lloran madres, gritan querellas; olvidamos el estrago.

III
Paisaje colonizado, Caribe encerrado en miedo, entre buitres monetarios y politiqueros monederos. Político interesao, buscón y paquetero,…laudable es tu jardinero, mientras te encuentres en su trinchera.  
Progresista y Populete, duérmase en las pajas de ese rumbo, porque el jibaro afila su machete mientras duerme el resto del mundo.
Y el que usa la palabra, te hace hueco en tu discurso.  
Para que le cuenten al partido, lo mucho que han perdido el pulso. 

Cuenta Hostos de una época, en donde contaba el discurso, cuando solíamos vencer al que educaba por ofrecer cursos. Siendo participe de un tiempo, de palabras loables y de fe en la palabra, donde la cultura despertaba y el Caribe se arraigaba.
Sufre Latinoamérica por la guerra hispanoamericana, separando a nuestro pueblo del resto de sus hermanas. Fuimos ricos en conocimiento y pobres en alimento, ahora pobres en conocimiento y abundante en encarcelamientos.
Triste hermana Caribeña, libre en alma y en espíritu,
Lloran la crisis puertorriqueña, quienes lucharon por un país único. Y en tiempos de pura paz recordaremos la historia, de héroes olvidados en el tiempo y una caribeña digna.  

jueves, 9 de julio de 2015

BREVES: GESTORES DEL ENGAÑO | Daniel Pommers

2
LITERATURA DE LA MENTIRA

Eugenio María de Hostos

Digno o indigno de su fin,
el periódico es siempre conciencia,
razón y opinión pública.
 Eugenio María de Hostos
Con el fin de orientar nuestra genética hacia una producción cultural de decoro, prepararemos un lugar común donde sea posible explorar zonas desconocidas, zonas en las cuales proliferen entendimientos sin incurrir en acosos y retóricas de la prisa o de la verborrea hispanófila; sepa, desde ahora, que escribo con el fin de otorgarle valor fijo a la arquitectura de la mentira. Entiéndalo, el salvoconducto que propongo busca monopolizar la creación de nuevas mercancías, de asimilarlas para que sean nuestras con tal de accionar contundentemente al momento de fabricar obras, de saber conducir nuestra literatura atrechando por rutas tangibles, no en el vacío. Si a la hora del quehacer cultural usted accede a la totalidad de esta artimaña, liberándose, empleándola con responsabilidad, los métodos de anclaje y resistencia ciertamente habrán funcionado. 

Volver a revisar la telaraña que proveen los textos clásicos sugiere el compromiso de presentarlos una vez más, de indagar en los circuitos que han seguido activándose gracias a la configuración que se ajusta al esqueleto de las generaciones nacientes. Uno de los universos que compartimos como humanidad es el razonamiento periodístico; aunque la mayoría de la sociedad civil se relaciona condicionadamente con los medios de comunicación, las corporaciones de difusión pública y su cualidad para moldear las redes informáticas, se mueven bajo parámetros que han sido escogidos a raíz de escrutinios que solo responden a su faena; sucede que el alcance civil sobre lo noticioso es limitado, se conserva en lugares cero pues su testimonio fue estipulado previamente por un cráneo editorial.

Las inventivas de trasferencia noticiosa en su forma radial, televisada o escrita, viajan hasta nosotros con seguridad debido a la lealtad de preservar su jerarquía; la sociedad civil no puede intervenir en dicha faena ya que la constitución de los medios sujeta al ciudadano a un valor: el definitivo espectador. Esta es la clave de la continuidad en la empresa periodística, el haberse administrado desde el inicio de manera independiente, separándose de la narrativa de lo real imponiendo un experimentar de realidades a los ciudadanos, asimismo, los espectadores se reconocen idos, a las afueras del ordenamiento mediático.  

La producción literaria también debe albergarse en lugares cero, lugares donde sea posible emular el manejo de esas relaciones disímiles que tanto operan entre los medios y la sociedad. Sabemos que el flujo mediático reproduce categorías de enajenación con el fin de manipular la opinión civil; en nuestro oficio, esto significaría reconocer que los gestores culturales son responsables de posicionarse (estratégicamente) en una cima que resulte ser inaccesible para sistemas de control que no formen parte de la arquitectura de la obra. O sea, en relación a la sociedad civil, el autor con miras a construir su reino debe reproducir el poder, desde el comienzo de la producción es signo de orden; su creación busca distanciarse y engañar los entendidos que podrían distorsionar el flujo de información con la otredad (espectador / lector); esto lo consigue entendiendo y apropiándose del orden utilizando elementos narrativos que conoce; así puede manifestarse la transmisión. Si identifica algún agente externo de inmediato es anulado; la creación excluye el imaginario del espectador. El axioma que rige la labor del gestor cultural es el proceso de crear el universo de su obra, no es perderse en la subjetividad de los lectores que lo visitarán.

Según lo dicta la fórmula en cada obra, el escritor practica diseñar circunstancias con las cuales el lector pueda sentirse a gusto aunque jamás esté presente en la página. El lector no es un valor que participe en la producción de la mercancía, desde el inicio, la faena literaria lo convierte en una entidad discapacitada, ausente, en otro representante de desigualdad: la obligación de esperar por la entrega final del autor es la mejor prueba de divergencia. Es ahí donde radica uno de los compromisos de la gestión cultural, en el hecho de aceptar que, al producir, el autor se libera de la norma de los sistemas de poder que le oprimen, desencajándose, así es portador de una maldad que resulta tan salvaje como aquella reproducida en el universo de los imperios y el orden mediático.

El autor es una especie de soldado que se reconoce estar metido en una trinchera perpetua, siempre en guerra, al escribir no huye de la monstruosa responsabilidad que le compete; entiende que crear es una manifestación totalitaria y que (dependiendo de la intención de cada creador) fallará o no dependiendo en cómo administre su función de producir literaturas que sean relevantes, de lo contrario, su narrativa solo podrá disfrazarse; será parte del diseño en la actual decadencia. En ambos casos, lo que diferencia a una criatura de la otra es su sinceridad y, que desde la arquitectura de su obra, esté o no esté dispuesto a manufacturar nuevos poderes.

Los gestores culturales son expertos ejerciendo técnicas que representan la perfección en el manejo de las facultades para entender los movimientos de la humanidad, reino que a veces cierra sus puertas a la innovación, tal vez por la modalidad de catalogar literaturas sin considerar si pueden o no inmiscuirse en la fibra social pues, según lo dictan algunos dinosaurios del mundo creativo, las mercancías isleñas que promueven la continuidad objetiva, el autor real (descartando la concepción de que el autor ha muerto y que solo es una manifestación zombi, producto de la supra subjetividad del lector cuando se confronta con el texto) no disfrutan de la estabilidad que merecen. Ese es el error de los gremios sin cabeza, olvidan que los gestores culturales escapan de la mediocridad: esto lo certifican siendo estrategas.

Cuando el autor totalitario y su obra llegan al objetivo (a los lectores), el poder y la voz del creador se administran en la psique del lector como un organismo invasor atacando las defensas, neutralizándolas, así el creador se salva de los daños que la subjetividad podría ocasionarle. El autor totalitario impone su voluntad sobre la sociedad civil siendo perito de la totalidad de su obra, sus creaciones comunican una maldad que es necesaria, pensada para apropiarse rápidamente de los laberintos que se hospedan en el lector. Esa es la majestuosidad del inventor, la empresa de lo siniestro como el acto más honesto al que puede aspirar con tal de defender la integridad de una casta de gestores dedicados a producir nuevas literaturas desde lo isleño. 



sábado, 25 de abril de 2015

BREVES: GESTIÓN CULTURAL | Daniel Pommers

1
TIEMPO NUEVO




Antillas para los antillanos.
Ramón Emeterio Betances


El animal interior de los gestores culturales en la isla es el ciempiés; se mueven continuamente, son algo vivo tapado por la humedad. Debido a esa esquizofrenia ultramarina es que su labor ha funcionado para promover una maraña de identidades en la cual la puertorriqueñidad solo es posible si va en huida o cuando algún dilema generacional le requiere ensamblar el rompecabezas de la identidad para que se utilice como un signo más en el diseño de su realidad. Si el carácter inquisidor del gestor cultural cae en la trampa de la comodidad, el valor real de su empresa es puesta en suspenso (es desactivada), hago referencia al error de disfrutar victorias obtenidas a raíz de discursos oficialistas o por políticas públicas que disimulan bienestar pero funcionan trastornando al ciudadano, cobijándolo a medias.

Puerto Rico

Mientras la isla tropieza con las restricciones del Estado Libre Asociado y el acabe de su funcionalidad, la clase política busca monopolizar las acciones de algunas porciones de la sociedad, esto con estrategias que desajustan las plataformas que los gestores culturales inquirieren con tal de radicalizarse constantemente. Así, amparándose tras los ecos del progreso con reformas atajo, el gobierno pretende manipular los esfuerzos y movimientos de aguante civil. 

Haití

El Puerto Rico antillano, la diáspora y los circuitos de resistencia caribeña han comunicado el peligro de arrastrar los venenos que desde el siglo pasado se alojaron en nosotros; el hecho de experimentar la violencia ocasionada por la guerra, según la conocemos hoy mediante imágenes a las cuales recurrimos desde la comodidad y la lejanía y casi siempre en tiempo real, es entender malamente nuestro tiempo. Con la asistencia de la tecnocracia actual, establecemos jerarquías investigativas en las que podemos otorgar o desechar nuestro interés, dejando a un lado la realidad del evento; lo real siempre adquiere un valor informático para nosotros los espectadores, evidentemente, esto implica una derrota para la aldea y el quehacer universal que se nutre de la red informática como herramienta gnoseológica.

República Dominicana 

El más allá de nuestras violencias 

¿Estaremos observando el desarrollo de la Tercera Guerra Mundial? ¿De cuántas guerras civiles tenemos conocimiento hoy día? Si los nuevos fascismos producidos por la violencia de estado son atribuidos (adrede para fines investigativos) a la sociedad donde germinan, podemos identificar un nexo entre los conflictos originados durante la Guerra Fría y las naciones que a través de los años han ido cultivando sus movimientos con efectividad: un imperialismo total y expansivo en el cual el control se visibiliza de forma estratégica.

La labor cultural es de quienes consienten dicha empresa, no corresponde a ordenamientos de resistencia ya que su práctica nunca ha sido obligatoria. No obstante, la mera existencia de gremios de producción supone un parámetro de arranque. A veces, el punto de partida origina una especie de terquedad que es representativa de los nuevos conservadurismos que deben estudiarse con el propósito de tenerlos presentes pues, en algún momento, han de ser descartados como errores, esto debido a que su constitución es nociva para la sociedad.

Cuba

En el reino de los muertos

Uno de los vacíos investigativos de nuestra época es el poco interés que la academia muestra por conocer las nuevas expresiones de lo espiritual. Al igual que sucedió con la lucha política en Estados Unidos a partir de la década de los sesenta hasta mediados de los ochentas, la mayoría de los grupos dedicados a la revolución / revelación del ser tuvieron su ocaso cuando se distanciaron del mundo, maniobra que en aquel momento les pareció correcta; eventualmente perdieron conexión con el tiempo, demostrando así que la reclusión individual o colectiva puede ejemplificar el peligro de las arrogancias generacionales. El carácter nihilista de estos movimientos radicó en la terquedad anglosajona de confiar en la supremacía de una universalidad espiritual que creencias como el New Age ofrecieron en aquel tiempo.


Múltiples filosofías han conseguido acercarse al reino de lo desencarnado siguiendo un estandarte categórico del discernimiento moderno y en función de las movidas socio−históricas, coleccionadas por la humanidad para diferenciarse de la religiosidad y sus instituciones. Sin embargo, las doctrinas cero fragmentaron la resistencia del imaginario colectivo alejándolo de las autonomías ontológicas de su voluntad; y aunque la evolución del capitalismo promueve decadencia y no da pie a la organización civil, resulta ser que el propio individuo es quien se encarga de tramar la estabilidad de dicha imposición; lo hace con el objetivo de salvaguardarse, razón por la cual acepta la continuidad de supremacías que, con el pasar de los años, dejan de ser signos pues se pierden en la voluntad de ir hacia una eterna innovación a la vez que agreden y confunden el organismo de su portador; deformándolo, así es posible neutralizar el carácter de la gestión cultural en cualquier gremio.

Puerto Rico hoy

La producción literaria en la isla ha evolucionado. Hay un sin número de publicaciones que demuestran el modo en que los autores / colectivos administran la difusión de sus obras, o sea, las maneras de posicionarse frente a los eventos nacionales y transfronterizos; en algunos casos, la desconexión entre autores y lectores es tanta que el quehacer cultural parecería pretender despachar su oficio con en el fin de establecerse en el prestigio que las órbitas literarias promueven atrancándose en la defensa de su empresa, de esa manera abandonan otros frentes y son incapaces de producir obras de comunidad que sirvan como mercancías revolucionarias en las afueras de su agenda cultural. Incluso hoy, luego de haberse confrontado con el estudio de literaturas de todas las épocas y, habiendo obtenido herramientas de resistencia mediante la educación institucional o de manera autodidacta, más ahora que el flujo informático podría funcionar como conducto para diseñar una genealogía isleña que se distribuya en la sociedad civil, todavía la gestión cultural sigue estropeándose. 



La producción literaria es parte del cortocircuito ocasionado por la ruina colonial y su dirigencia, según la hemos conocido en los gobiernos de Puerto Rico; ruina que cambia de ensambladura constantemente, así puede habilitar una disidencia de la distracción; lo hace mediante una casta de gestores canónicos que, al recibir fondos o al aceptar puestos gubernamentales (maniobra que el PPD siempre ha puesto en función), terminan siendo portavoces del caos actual. Aunque estos gestores representan una especie de victoria para las otredades que antes fueron marginalizadas, sus obras son diseñadas desde otra esfera, desde el horizonte que alberga solo a los suyos: no escapan de los tradicionalismos fofos pues están colgadas a la comodidad de una táctica de intervención oficialista para mantener el control.