martes, 7 de abril de 2020

Ventana: poema de Jean Paul Pérez Pacheco

Lowes Dalbiac Luard, 'Gatos en el alfeizar', Grabado, impreso con tinta marrón oscuro.



Viento

Una temible palpitación sella mi seno,
un siniestro retumbo de heno.
Como rayos y centellas que revotaban en la vía
cesaron en segundos su manjar de ira. 
Por primera vez en milésimas existencias,
se conjuro un magistral silencio al otro lado de aquella ventana. 
Aquella ventana que emitía latigazos de luz ferviente a toda hora
en su intimidad demuestra un susurro pálido sin demora.
Un susurro que denota abandono de las memorias, 
de lo cotidiano, y lo que nos hace ser personas. 
Sentimientos tan reales como el viento,
que ha cogido vacaciones con el tormento. 
Porque al otro lado de aquella ventana ya no hay vida, ya no hay viento.

sábado, 7 de marzo de 2020

Demonios que persiguen latitudes: 3 poemas de Daniel Pommers

Jan Frans De Boever, “La Sorcière”, gouache sobre papel.


Elemento de sueño

Me acomodo en ti
Abres tus ojos
Tu boca, tu olor
De tanto soñarte siento alegría 
Rápido escapo, sin miedo me desnudo
Eres mía, soy tuyo
Como algunos años se han ido contigo
Ya tengo músculos de intuición
Y te encuentro en la cama
A veces siento que regreso a ti
Que eres tú quién me sueña
Vienes con el ayuno // vienes a la misma hora
Somos amantes, somos algo en lo perverso
Ojalá y tú seas quien me sueñe // búscame, tú, ¡búscame! 
Si algún día regresas, llega con vida y, desnúdate, como siempre
Regresa, mientras, construiré un laberinto en esta habitación 
Así olvidaremos que hay demasiada vida fuera de mi cama.


Burbuja tiene tu lengua

Burbuja tiene tu lengua y por ella entran 
discretos sonámbulos a la quema fin 
al lastro estos esperpentos con ojos pelos de olor tabaco 
de perfumado a veces van mis demonios que persiguen latitudes 
suelen quejarse oportunos y deciden obsequiarte
hernia púrpura y rápida como pequeña manía 
amaneciéndose en mi pecho al servicio de una estrella bruna 
perra tímida bajo las piedras con su empujón y el olor 
mezcla que pretende contagiar mi forma con tus nalgas
ese sin tiempo es premio que no se deja meter las bocas 
es bomba que gime invisible para el sol y esto yo lo sé
como sé que dentro me esperan océanos dulces.


I wish that was true

La noche descalza es nuestra.
Y en la noche salimos a volar.
Hablamos en código como siempre.
Te escribo, Vístete que voy por ti.
Ojalá y fuera verdad, respondes.
"Quiero cruzar el océano y besarte".

viernes, 6 de marzo de 2020

Vuelve y aspira, aguanta y bota: 2 poemas de H.J. Leonard

Le Café de nuit, Vincent van Gogh, Óleo sobre lienzo (1888) 



Domingo de Río Piedras

No hay nada más lindo
que vislumbrar los tejados
desde la ventana de tu apartamento
a la luz del Belguel King y los gritos
de un tecato. 

Allá donde tu cuerpo se estira al igual
que tus gatos mientras la tetera azul neón
anuncia el café va a ser servido.

Allí en aquella mesa, lugar donde fantaseo 
treparte y arquear tu espalda enrolo 
un porro que tus blancas manos
encienden mientras cambio la canción. 

Nos movemos de las cursilerías de Drexler
a un punk francés que descubrí hace una semana 
y discutimos sobre los derechos trans
y el cómo en Puerto Rico apenas los negros 
nos vemos. 

Las horas pasan y la transferencia 
de saliva por chocolates del especial 
de Wolgrins no dan abasto
para llenarnos las panzas 
de tensión y mariposas. 

Mi celu suena. El deber me llama.

El silencio dice hola y tu cálida seca mirada
se convierte en desdén cuando 
el sensor prende la luz que chotea 
nuestras intenciones y otra noche


Turrón de Amapolas

La Chica en el Hostal zigzaguea entre llamadas,
el jefe jodiendo y el voluntario que yace muerto
a los pies de la alfombra. 

Se cayó del segundo piso 
en una jendía maltusiana 
de esas que se hacen famosas 
gracias a la indiferencia de
Mega TV. 

El estrés la abacora, me dice que enrole.

Allá en el cuarto 2, donde reside mi botín 
de guerra, pequeñas cosas que
se les quedan a los viajeros 
y hago mías a la fuerza, me siento 
con serenidad y calma a crear
mi próxima obra maestra. 

Son las 7:30 de la mañana, 
me acuerdo que hay café. 

Ya con el amansaguapos en la oreja
me percato ha llegado la inepta, 
sentada en mi asiento, 
y al verme bajar dos tazas 
de café se antoja de una tercera. 

Subo, bajo, saludo a la alemana
que aún anda consternada por el shock
de hace unas horas mientras el turista canadiense 
como si nada se va a hacer yoga 
con la maratonista de Brasil que acaba de llegar
de su corrida full tropical por la arena de Ocean Park. 

Esos dos hoy se chichan, más las tinas 
del techo del hostal serán testigos 
de los sucesos que predigo.  

Ya con café en mano y 
la ambulancia de camino
con el pobre chico que ha caído 
del segundo piso 
a la morgue más cercana 
donde un representante del consulado
español espera el cadáver para comenzar 
los trámites de repatriación, 
la Chica del Hostal con santa calma
manda al jefe pal carajo y me invita a salir. 

Yo accedo, soy también votado,
y me choguéo el café que ya frío 
de tanta espera me despierta
hacia una nueva libertad. 

Ya abajo, le paso mi obra maestra,
un 87/13 spliff puff puff gulú gulú y volamos. 

Ella aspira, lo aguanta, lo transporta
por su pecoso cuello hasta los labios 
recién pintados por el L’Oreal
Colour Riche Shine Lipstick 659 
que se ha tumbado de mi botín de guerra.

Te va a dar cangrena” le digo. 

Me mira, sonríe, se pone la mano
en la boca y en una morisqueta horrorizada
me dice “oh no, que tragedia”. 

Vuelve y aspira, aguanta y bota. 

Me pasa la obra y me dice “vayámos a Tostado”.

Sonrío y le contesto con pícaro gesto de flirteador 
profesional “solo si esta vez 
no haces esperar el enfríe del café”. 



viernes, 28 de febrero de 2020

En acuarelas de la nada: 3 poemas de Karla Cristina

Remedios Varo, 'Cazadora de Estrellas', (1956)


La gente huye a diario
porque, aunque no digo todo lo que pienso
mis cejas lo vomitan.

Ya apesta andar siempre hombro arriba
cuchilla bajo la lengua
espejo tracción trasera.

Juro que no es paranoia
la obsesión de amordazar y hacer silencio
todo lo que el sentido común grita.

Apestan los abrazos podridos en el pecho.
Amor que se pudre sin ser composta.
El ojo que no para el aviso.
de que una ola está resurgida
matándonos. 


***


Trabajaré la paz en estos días
sin resumirme al hombre que sigo siendo. 
En algún hilván de fábrica teñida
esparciré los retazos de lo posible.

Hoy, trabajaré la pausa del tacón.
Tocando madera en algún pasillo angosto.
Me gusta pensar que hay ritmo en lo que piso;
volviéndose múltiplo de algún duende mágico

Mañana, si tengo suerte
Estiraré los brazos a un cielo vacío. 
Me veré en acuarelas de la nada.
El cielo en mi pelo abrirá paso al reposo,
a lo diluto que será un enjambre de plumas. 

Pasado mañana volverá la arena
y será huracán, y será ceniza,
en un estornudo hemorrágico me llenará de mi misma. 

Entonces, acabada toda, retomaré la escoba
volviendo a cualquier día parecido al lunes.

Ordenaré la casa cuanto sea necesario.


***


Al balcón de esta casa
hago cuna para las tristezas.
Colocaré una hamaca para recibir a los amigos
y a su vez la suma de las cosas que colapsan. 
Preparo algún sopa, mucha cerveza,
intentando que el espacio permita tomar las brisas. 

La bendición de los amigos son las trenzas.
Ordenar cuanto sea necesario la casa,
permitir que el fregadero se desborde con frecuencia.

La bendición de los amigos son las trenzas.
Mirar el agua correrse entre las manos con alguien
poner luz a las aceras
abrir caminos.

¿Cuántas veces puede abrirse este cielo hacia la nada?

La bendición de los amigos son las trenzas. 
Poner en orden, cualquier cosa,
o permanecer juntos ante la enredadera.

lunes, 24 de febrero de 2020

I let it: poema de Sonja Ciel Nieves

Jan Frans De Boever, 'El pacto', gouache sobre papel


I let it

I let it.
I let myself go.
This thing that lurks in the grass.
Crawls down my thighs.
It's yours,
Take it
Now.
I can not stand this horrible silence.
This tedious distance,
between your mouth and mine.
During the daytime, hope comes.
Some sudden breeze,
and then it leaves.
Stumbling under neon lights.
Smelling of cigarettes and wine.
That machine.
It takes videos of us.
It plays my favorite song.
And for a second I'm in control.
Then it fades.
That sunset I wanted so bad.
Forever, I yelled.
But you didn't listen.
I'm replaceable and dirty.
A disease that needs to be cured.
I smile whorishly .
You smile back.
It's nothing.
It means all.
Tell me,
you want to end me once and for all.
Buried deep.
I feel the damp ground in my arms.
Some sort of violence, ripping my chest,
penetrating my skin.
Over and over again.
That smell.
I can't stand it.
Just come.
Do whatever you want with me.
I beg you, please.

sábado, 22 de febrero de 2020

Para escandalizar la sombra: tres poemas de Veronika Reca

Ethel Gabain 'Voces', litografía, (1911)



Satisfechos

Me abraza un turbio remordimiento oprimido
por una angustia volátil,
como una tempestad que se aleja,
que se supone cierra los ojos, 
envuelta en una tranquilidad pasmosa.

Para escandalizar la sombra
inhalo con rabia,
tumbándome,
inopinada de fiebre en las facciones,
sustituyendo el sonido
por un cálido gemido que opaca.

Un desconsuelo infantil sabe tocarme,
boca arriba el techo me hace guiños
purgando con los dedos las sombras.

Una pizca de culpa me susurra
un padre nuestro,
me persigno con el mismo dedo
que me destierra.

Aniquilando los gritos en la garganta,
nudos críticos,
se me escapa su nombre en ruidos intempestivos,
satisfechos
mientras se van trenzando los chorros
bajo mi torso espeluznado.

El dios que conozco no tiene ojos,
ni boca,
es un dios minúsculo,
de límites estrechos.

Aquí las cosas parecen obedecer
su ausencia,
como si su voz perfilada se adheriera
a las paredes,
me repelía, me atraía insitivamente
una idea absurda de gozo,
espesa, extraña, inmutable.

Cuando no está
me gusta hurgarme por dentro.


Ensayo sobre las cosas

Me gustan las cosas
porque se llenan de gritos.

Repletas de secretos
absorben los olores
y guardan su placer al humo,
e hipócritas,
sus extraños anhelos.

Voy, insulsa, con mis sueños
tras las cosas,
para no desilusionarlas.

Sus ojos inopinados guardados en los excesos recrean las sombras,
hay cosas en las que el tiempo no tiene valor.

En su vaho cálido
indoloro como un remanso de vida,
me recuesto en las cosas,
mayormente desnuda,
con las cosquillas internas penetrando
en ese fondo inagotable de fluidos
que se pierde tras la mesa cuadrada,
en las esquinas de los tiestos
que nunca llevan flores, inhalando
en la atmósfera una suave locura.

Las cosas traspasan los límites,
la tristeza tiene ojos en los floreros,
en los espejos desvencijados,
tras el viento que da en la encimera.

Mis cosas te llaman, vacilantes,
agudas, una crispación imponente,
una desesperación hecha belleza.

Cuantos días sin importancia
guardan el porque de las cosas,
el tiempo húmedo,
la envidia de las paredes que soportan
el hastío oyéndonos venir eufóricos.

Creo en mi simpatía por ellas,
por las cosas,
que cuando te extrañan se desmoronan y rompen.


Despojos

El gran rumor del viento tiene para mí un gran encanto 
y la ansiosa expectación de millones de ojos que no duermen,
borrachos de temores, emancipados a la fuerza de un manojo de casas dormidas.

Los velones sin altares, como centinelas, 
la gente que lucha por arracimarse a algo.

La tierra nos mece, conmovida, 
como un grave saludo de bienvenida. 
Anda descalza la escena en la 
desvencijada habitación de improviso.

Estela de ruido que guarda el llanto del concreto que ya no abraza.

Todo empieza a ser extraño
como prolongación del luto.

Me culpo... por este miedo escaso, conmovedora en mi desamparo.

La locura sonríe torcida.

Tiembla la tierra bruscamente recobrada
con el humor endiablado.

NO tiemblo con ella.

Ando perdida de deseo,
ardida, con un par de labios entre el ceño fruncido.

La percepción nebulosa del paraíso en su baja cintura.
Sus ojos de individualidad propia, provistos de una ternura horrible.

Me culpo por no temblar cuando la tierra
nos despide su furia en la asincronía de nuestros pasos.


sábado, 15 de febrero de 2020

Este arte desquiciado: tres poemas de Noraida Malugin Soto

William Henry Dethlef Koerner, 'A Mystical Incantation', óleo sobre lienzo (1922).


Una nube lleva tu nombre

Esta nube negra que me acompaña presagia tu ausencia, 
se ha atado de un fino hilo
que llevo en la muñeca.
La cargo a todos lados y si la olvido
se engorda hasta desbordarse
sobre mí.
Recibo el agua fría sobre mi
cuerpo semi inerte y convulso 
de recuerdos.

Tus manos tejiéndome sonrisas
entre dedos torcidos.
Tu cansado e incesante caminar,
el cuerpo obedece al que no se deja llevar
por sus perezosas corrientes.
Tus ojos siempre devorando, 
clavando preguntas que cavaron hasta la cueva de Lot.
Tus manos, otra vez y siempre, 
agarrando fuerte el porvenir
y gritándole de frente.
Tus besos escasos, tesoros escondidos para explorar.
Tú, toda tú, siempre tú.
Repetida al infinito cuando te deba soltar.

La nube negra sigue halando y
la lluvia tormentosa repica sobre el corazón que, 
aunque herido, no cesa de cantar 
la melodía gloriosa de tu nombre.


Parábola de la piedra 

Cual animal sigiloso
andabas a escondidas
en uno de esos
rincones empolvados
de mi cabeza.

Recuerdo alguna palabra
alguna broma
alguna imagen
y vuelvo al lugar
donde tus dedos
se toparon con
los míos.

Tu voz
el torbellino de susurros
estridentes entrelazados
con el repicar de 
tu risa.

Como cuando
acercaste tus labios
a mi oído
y clavaste tus palabras
en mis tímpanos
sedientos.

Háblame otra vez
de tanto y de todo
sin decir mucho
deja que tu dicción
semi perfecta
corra, fluya, se desborde.

Coloca tus manos
como dos rocas
sobre los lugares
menos sagrados de mi cuerpo
y evoca divinidades
que esperan ansiosas
por ser descubiertas
bajo nuestros pies.

Excava en el sitio
exacto que dejaste a la
intemperie la última vez
encuentra tus tesoros
tantas veces abandonados.

Encuéntralos y déjalos
que no olvide otra vez
este arte desquiciado
de extrañarte.

Descansa ahora
sobre el polvo
de tu ausencia.


No basta la noche

Extraño tu silueta jugando a ser sombra, 
aunque siempre ha sido luz.

En esta oscuridad
recién descubierta
quiero cubrirte.

Deshojar despacio 
tus capas,
llegar al epicentro.

Trazar constelaciones
sobre tus párpados cansados.

Escuchar cómo se rinden
hasta tus huesos 
bajo el tacto de mis manos estrellas.

No basta la noche.

jueves, 19 de diciembre de 2019

Zine de Solsticio Paradiso | 20 Dic 2019





Gato Malo Editores y Generación del Atardecer Presentan:

 Openmic de:
- #Cuento   - #Poesía  - #Comedia_en_vivo  
- #Crónica  - #Relato

viernes, 20 de diciembre 2019 
El Local En Santurce @9:00PM
Entrada Gratuita

Saludos, La Generación del Atardecer hace un llamado todxs lxs gatxs malxs que gusten participar de recitar poesía, crónica o stand-up en el Open Mic Solsticio Paradiso, el cual se llevará a cabo el viernes, 20 de diciembre del 2019 en El Local en Santurce. Interesadxs escríban al Inbox de Gato Malo editores. 

Únete al renacimiento.

martes, 17 de diciembre de 2019

Con la última estirpe: dos poemas de H. J. Leonard

Howard J. Morgan, 'Annunciation, Deep House', Óleo sobre lienzo


La chica de cortos rizos

Con genial sonrisa me mira

la chica de cortos rizos
mientras escribo estas palabras. 

Allá en aquel incómodo cubículo, 

rodeada de llaves y documentos
de viajeros ambulantes que 
pretenden una larga estadía 
en este trópico que promete un paraíso
pero no los medios para alcanzarlo,
allá, la chica de cortos rizos
enrola tabaco con la última 
estirpe de una fusión entre 
Grandaddy Purple y Blue Dream.

Me invita al techo de aquel viejo

edificio a catar el transporte 
que la llevará a pensar en una mejor
vida lejos de las quejas 
de extranjeros que han chocado con 
la realidad del tercer mundo. 

Tras tres intentos fallidos su Zippo enciende 

la llama que comienza 
la reacción química que promete 
tres horas de interminable pavera. 

Sus blancos dedos 

se enredan con los míos
mientras me pasa el spliff, 
simple acción que confirma mi sospecha 
y premedita una advertencia.

El turno de hoy promete. 


La Ascendencia


En la 54 de ese callejón 

olvidado en el tiempo,
los mejores días de mi niñez advertí. 

Recuerdo la ametralladora automática

que añoro aparezca en los escombros
del techo derribado donde descansaba
el viejo telescopio. 

Recuerdo el revólver mi tía abuela

deciá “eso no sirve, es para
asustar nada más”. 

Pero el presentimiento de que luego 

de la vandalización de aquel 
templo de mi infancia,
aquella vieja pistola
ha dado muerte a uno que otro sicario
en las parcelas del campo aledaño,
es tan real como el olor a pimientos 
frescos que aun resguardo en mi memoria
cada vez que la nostalgia me invade 
y decido refrescarla con una visita
a aquella caída fachada. 

Allí se decía que en mi familia

sus mujeres eran de casta noble catalana,
fogosas amantes que aprendieron a
amasar pequeñas fortunas 
que perdían en la lujuria 
culpa de amores no correspondidos 
o justificados antes los ojos de Dios. 

El pueblo comentaba a espaldas 

de las desgracias, recordaba mi abuela. 

Por ahí viene Miss Ramírez, 

con cartera nueva y
pintalabio fresco.
Ha bajado del tren de San Juan
con paso turbio a la Berreteaga
decían los chismosos 
con caneca en mano.

A lo que mi bisabuela gritaba

sin que le titubiaran los dientes
aquella tarde de 1943:

Antes puta que sumisa, pues

este chocho es mío y le debe
cuentas solo a Dios”. 

domingo, 15 de diciembre de 2019

Estos muertos viajan en mí: dos poemas de Daniel Pommers

John Paul Jones, 'Night Lady', litografía, (1963)


Canción Negra

Estos muertos viajan en mí
abrigándose con peste y salivas baladí;
así de repentinamente somos lo majestuoso.

y antes de que las moscas se apropien de nuestro país,
el nudo de los diablos regresará sonriendo a la mesa.

lo aterrador es resignarse al Bouillon extranjero.

según me fue ordenado por el emperador negro
el ángel insondable, el enamorado, el pájaro avieso,
el disciplinado para limpiarse en el tumor de las guerras:
de los malignos que reventaban nuestros ríos al amanecer
de las manos jinchas y temblorosas que se hicieron gobierno,

en el manglar, a espalda de las vírgenes y en las orejas,
nacía una canción negra de difuntos negros y su secreto;
una armonía para protegerse de los ejércitos, de los inquinos.

mientras moríamos en arenas caracol
y éramos gusanos en la comida de Tchaka,
las lenguas negras y su concierto resistieron los años.
así escaparon
de toda ofensiva
de las bestiales fosas
de los imperios.


Elemento de Sueño

Me acomodo en ti
Abres tus ojos
Tu boca, tu olor
De tanto soñarte siento alegría
Rápido escapo, sin miedo me desnudo
Eres mía, soy tuyo
Como algunos años se han ido contigo
Ya tengo músculos de intuición
Y te encuentro en la cama
A veces siento que regreso a ti
Que eres tú quién me sueña
Vienes con el ayuno // vienes a la misma hora
Somos amantes, somos algo en lo perverso
Ojalá y tú seas quien me sueñe // búscame, tú, ¡búscame!
Si algún día regresas, llega con vida y, desnúdate, como siempre
Regresa, mientras, construiré un laberinto en esta habitación
Así olvidaremos que hay demasiada vida fuera de mi cama.