miércoles, 4 de septiembre de 2019

Zine de RumPolitik 5 Sept 2019

Gato Malo Editores y la Generación del Atardecer Presentan:

OpenMic | Rumpolitik

- Cuento     - Poesía
- Crónica    - Relato


Jueves, 5 de Septiembre 2019 
El Local En Santurce @9:00PM
Entrada es Gratuita






Bocanada suculenta: dos poemas de Nadya M. Echevarria Quiñones

J.J. Grandville, Little devil black cat, grabado (18xx)


Mi dreamcatcher monster 

cose en tu boca un sueño
que no se escape
que no se diluya
que no se esfume en tu cabeza
que respire contigo y tu sombra
que haga de tu manto una cobija
que se vuelva un todo en tu frente
que no te tome a solas
olvidando hacia la nada
descosiendo durmiente la mirada



Otro

un minuto se asienta
respira lento
escucha todo el ruido
agolpado en su tarde
de segundos
sopla al interior
bocanada suculenta
dibujando círculos
con su respiración detenida
en la nada que sobrexiste
y lo fulmina incesante
rompiendo el pulso
en su garganta.

Vivir en el trópico era cosa seria: tres poemas de H.J. Leonard

Hans Bellmer, Retrato de la madre del artista, Tinta y guache sobre papel (1954)


Mi abuela

Mi abuela es una mujer
de humor tajante. Estatura achicada,
por la edad, pero de frente altiva
y espaldas anchas. Y aunque
achacada su memoria está fresca.

Su mal genio, desarrollado
por la pesadez de la vida,
se ha desmantelado, creo yo,
debido al porvenir de las pocas
primaveras que le quedan.

La aspereza de sus manos
no se siente. Manos que labraron
la tierra, secaron ropa, lavaron casas,
y sacaron agua de río.
Manos que hilaron tabaco, criaron
dos hijos y en la diáspora
nuyorquina secaron lágrimas
de incansables noches de llanto.

La aspereza de esas manos
no se sienten. Bed, Bath, and Beyond las banalizan gracias al poder adquisitivo que el fruto de una pensión heredada, sudada y trabajada le brindan
en cremas aromáticas.

El carácter de mi abuela
es incorruptible. Su endurecimiento,
producto de 1,000 varitas
de guayaba,
se percibe en su presencia.
Por eso los suntuosos instantes
de genuina ternura se sienten
vespertinamente reales.

El café de mi abuela es el mejor. Juraíto. Lo cuela en media y lo endulza con leche evaporada.
Lo sirve en una taza pequeña
para que te quedes
con ganas de más.

Y lo extrañes cuando te vayas.
Y lo extrañes en las mañanas.
Y lo extrañes en el trabajo,
en las tardes y antes de acostarte.

Su cocina la embellecen 15 gallos,13 vacas y una colección
de frutas que ella deja madurando cerca de la ventana.

Por las noches le reza
a 3 Vírgenes, 5 Santos,
a Cristo y a Dios.
El padre nuestro nunca falta.
Agarra su rosario y lo entreteje
en sus dedos. Te mira desde
lejos y con los ojos te dice:
No entres. No interrumpas.
Estoy orando por tu salvación”.

Le encantas las películas mexicanas,  el aguacate y la música de trío. Ir a Capri,
hacer compras en Selectos y que mi tío  la lleve a comer, usualmente, a los mismos
restaurantes. De esos que sirven arroz.

Por que ella no puede vivir sin ese grano. Se queja si no lo como. Me dice: “Se nota que no has pasado hambre gracias a mi esfuerzo”. Tiene razón. Gracias a su esfuerzo vivo en privilegio.



La Matriarca

La matriarca hoy cumple 77 años
Mira con altivez al resto de sus hermanas,
las que quedan,
y les dice “hoy es mi día
no me jodan”.

La matriarca hoy se ha levantado
con ardor en las piernas
e hinchazón en las rodillas.

Aunque molesta, agarra su bastón
y le dice a mi madre
quiero que me lleves a la tienda
que hace falta pan y leche”.

No sin antes hace café
para los noveleros
mientras perfuma
su cuello con
lo último de Avon.

Los cristos la miran desde la ventana
allí yacen crucificados frente a
15 vírgenes recién parías cuyas
manos relucientemente doradas piden
piedad por todos nosotros.

Hemos llegado a la tienda.

La matriarca se queja del dolor
pero aún así prefiere caminar
sin su bastón.

Le da vergüenza el no valerse
por ella misma.

Siempre fue así
me dice mi madre.
Orgullosa”.
Parió dos muchachos,
pero la necesidad la obligó
a criar solo a uno.

Se jodió los pulmones trabajando
para mantener a los médicos
en sus Mercedez.

La Matriarca hoy cumple 77 años
y se ha ido a acostar.

Luego de una pizza de Costco
y un bizcochito con la familia
adornado con una velita reciclada
se recuesta en su cama y acaricia
su rostro.

Se levanta y se mira al espejo.

Nito yace detrás de ella y abrazándola
sin dejarla ir, como aquella vez
en la casa al lado del plantío,
le recita un poema.

Te tardaste como siempre
sinvergüenza”, le dice.

Luego de 16 años, al fin,
la ha venido a buscar.



Fantasías Desprivilegiadas Pt. 1

Por las rejas el sol se asienta.
Con este el polvo.

El polvo entra por las rejas
enmascarando la cara de Pulpo.
un sato que llegó a la casa luego
del funeral Cholo, el primo tocón
de Gloria.

Por eso a Gloria no le gustaba
ni Cholo ni que abrieran
las ventanas. Pero que se podía
hacer si desobedecer
no estaba en la subasta de opciones
que me daba Mother.

Vivir en el trópico era cosa seria
más cuando se hace al lado
de una carretera

Por ella viajaba a toda velocidad
montado en los carros
que Luisito sacaba del taller al lado
de su casa, para ir a hacer
cualquier Barrabasaba

Por lo menos así le llamaba Gloria
que no hacía más que trabajar
en Econo para sustentarnos a mi,
a Doris, a Yamiel, a Mother,
a Pulpo y Santito

De todos los jevos de Gloria
ese nunca nos tocó. Mother decía
que teníamos que siempre dar
las gracias pues el Señor
lo puso en nuestro camino.

Un verdadero siervo del señor”, decía.

Su único vicio eran
los caballos y el ron.
Aunque fue el menos
que nos duró, su falta
se hace sentir en la sala
lugar donde paseaba
la panza al son
de Lo sé Todo.

El polvo entra por las rejas
le prende el asma a Mother.
Me grita siempre ahogándose
Traime la bomba negrito
que me muero”.

Ella era una hermana
de verdad. Se la pasaba
siempre que podía metía
en el culto orando por Yamiel,
que para aquél entonces
estaba descarrilao”.

Ese hermano tuyo estaba
 bien hasta que se empezó
a juntarse con los muchachos de la 20
me decía ella cada vez
que pasábamos cerca
de aquel Punto misterioso
donde las camisas
a los nenes le llegaban
hasta el ombligo.

Ya para aquél entonces
a Doris Margarita Gloria
la había botado de la casa
por pasarse con Nota,
un panita de Luisito que tras
su muerte le había encargado
a mi hermana el cuido
de su segundo hijo.

Holyke es bien bonito.
Eso sí, mucho frío” me decía
ella cada vez que Mother
me pasaba el teléfono para
que escuchara su voz.

“¿Y el nene, está grande?”
preguntaba Mother a lo que
ella siempre respondía
Ya no se quiere dejar cargar”.

El polvo entraba por las rejas.
La vida era simple en aquel
apartamento cerca de la carretera.
Mis atardeceres se pasaban
contabilizando los carros
que pasaban por colores, tipos y marcas.

No me gustaba que en Año Nuevo
no podía ver los fuegos artificiales.
Siempre los tiraban
pal otro lado del caserío.

No nos dejaban ir allá,
Gloria por miedo
a que nos tirotearan
y Mother por miedo a los de la 20.

No fue hasta que tuve mi primera
noviecita a los 12, Margarita,
una nena bien bonita de la iglesia,
que vi aquellas líneas de colores
mezclarse con los tiros
que los gatilleros sincronizaban
a la vez con las detonaciones
y los destellos.

El mamabicho de Juanqui decía
que Margarita mamaba bicho por $5 pesos
detrás de parque. Pero los nenes hablan
mucha mierda para hacerse
los más machitos.
Y como Margarita siempre
lo negaba nunca les hice caso.
Ella era bien buena.

Yo sabía que ella era buena.
Siempre estábamos juntos,
excepto en la iglesia.
Mother decía que eso no era lugar
para hacer fresquerías.
Así que las hacíamos detrás de la cancha.
Ella sabía un lugar secreto.

El polvo entró por las rejas
un 25 de julio del 2011.
Vimos el derrumbe por televisión
en nuestro nuevo apartamento
 cerca de Villa Palmera.
Mother no pudo verlo.

Se había ido a morar
con el Señor hacía a penas 4 meses.
Doris ya iba pal segundo
nene pero le iba bien trabajando,
al igual que Gloria, en un supermercado
donde viejos racistas la insultaban en inglés.

Yamiel ahora era artista,
o por lo menos eso decía
él en las postales que nos enviaban
desde Atlanta.

Decía que era una ciudad bonita
pero que tan pronto
pudiera se mudaba pa Nueva York,
lugar que él afirmaba,
daba más oportunidades a las locas”.

Gloria sigue en Econo.
De allí nadie la mueve.
El problema es que ahora
la cosa se complica
pues tiene que coger
dos AMA y una pisicorre
en lo que junta los chavos
para arreglar el carro.

Yo estoy bien. En la lucha.
Como Siempre.
Ahora yo soy el que llevo a las noviecitas
a un lugar que tengo set en un palking en Carolina.

Ya el polvo no entra por las rejas.
Eso es cosa de pobres.
Nosotros si salimos. Nosotros si salimos.

lunes, 2 de septiembre de 2019

En las noches de gente azul: dos poemas de Daniel Márquez

Seguidor de Jan Mandijn, 'The Witches Cove' óleo sobre tabla (15xx)


Poema de Ascensión 
                              
                          Good Night and Good Luck?

Busco tantos libros que me pierdo
gouge away

Bebo esta segunda botella de vino
de colmado hiper prestigioso de Encantada
y con esta copa de vino encuentro tu luz 
y en una gaveta veo mi encendedor color rojo
con nubes flama y aparatosas como son los laberintos
mi encendedor lame un cigarrillo nuevamente 
como los años se gastan encima de las memorias histéricas de
un mundo vivo sin nombre.

Regreso con el pecho mañanero y hecho aire.

Miro mi estómago con alas de murciélago 
dibujándose con una estrella náutica que vive
en el ombligo, en las noches de gente azul
este poema que deambula porque fuimos jóvenes 
y porque borrachos seremos completamente.

Amamos tanto a los vagabundos oso y sin permiso que regresamos inmediatamente al mundo y hablamos del calor y los sonidos 
porque somos gatos amortajados en celo.

She lives with a broken man

Busco en el librero.
No veo la libertad.

Hallo agua para deslizarme libremente 
durante las horas en la boca de tus manos 
y en los besos de tu espalda mis dedos vuelven al bar y nos pueblan.

Busco las películas de una vida en escapada
busco dónde están los libros que publiqué;
me busco cuando éramos jóvenes y libres.



Trujillo Boys

Como los poetas cuando éramos jóvenes 
cuando las manos se congelaron con el prisma de todos los autores turbios 
las personas son años y los hijos del atardecer bailan desnudos 
siempre enfermos 
como el daño con el sello de la muerte 
con los ojos cerrados entrando por tus muslos y vacíos locamente de asfixia 
así reconozco tu nombre
Ave María Satanás es la hija de todos los reinos invencibles
La última vez que amamos la noche una Baba Yagá se 
almorzó mis dedos en tu boca.

domingo, 1 de septiembre de 2019

A eso de las cuatro en la lluvia: tres poemas de Oscar Shiwdin

Lovis Corinth, 'El Beso' Grabado a punta seca (1921)


Arco y flecha

No es que me fui
es que me voy pa lejos.

El cacique exiliado,

al que echaron a la
selva para ser tallo y hoja.

El cacique y no era Agüeybaná,
ni Mabodamaca y mucho menos
Yuquiyú.

Me echaste tú a la boca
del Yunque a convivir
con caoba y ceiba,

pero soy igual que tú.

No es que me fui,
es que vengo orita.

El cacique eres tú, pero
exiliado somos todos.

Y en esta selva
de cemento, brea y vidrio,
el gerente y el supervisor
soy yo.



Flores entre fresas

Es inevitable. . . Sexo.
Sexo en el cuarto
sexo en el baño
sexo en la cocina.

Sexo en el carro.
Sexo en el carro aquí te espero a las cuatro te veo, sexo.

Sexo en el carro.
El estacionamiento vacío,
el clima frío, enamorarme de ti
puede ser un vicio. Sexo.

Sexo en el carro,
no quiero tu carne.
Por dentro soy flores, nunca me entiende
pero estás tú. Sexo.

El clima frío, la lluvia que rompe en la brea es básico
Para mí tú no eres fea
te quiero a ti no quiero sexo.

Clima feo, mojado el estacionamiento
de ti no me arrepiento, dame un beso de viento
te quiero a ti, y tu cuerpo a lo mejor. Sexo.

Sexo en el auto a eso de las cuatro mojado el estacionamiento
Tú y yo estamos de besos y la radio estación de chaperón.

Los vidrios se empañan
nuestras bocas se extrañan
a eso de las cuatro en la lluvia se ríen,
se bañan. . . Sí, eso mismo, sexo.

Todavía en el auto tu mano en mi pecho
la mía en tu corazón, me mereces, te merezco
te quiero a ti, ignora aquella de sexo.

En el carro estacionado a eso de las cuatro
una canción más ya casi son las cinco.

Sol se pasea, saluda la montaña, la nube la tapa
todavía no es la hora, una canción más
echa el asiento para atrás.

La radio toca tu canción, el sol nos llamó la atención.
Desayunamos en el carro y sexo suena como el verbo.

Sexo en el carro, ya desayunamos, de esto era lo que hablamos.
Olvídate del sexo. . . Lectura y besos a eso de las cuatro.

Lectura y verso, prosa y estrofa
del carro, nos mudamos al sofá,
televisión, habla wapa a las cuatro.
Tu corazón en mi pecho y mis sentimientos en tu frasco.
Y el nap a las cuatro.

Roncas y te babeas, despertamos, iremos por donde nos quedamos.
Lectura y verso, prosa y estrofa, besos en el sofá.
Un beso de mil versos
un verso de mil deseos
toda la vida aventuras de mi cuerpo,
tu mano en mi pecho.

Toda la vida por tu cerebro navego.
Me piensas, te pienso.

Aguántame tengo miedo.

Tú me calmas en mi desorden de madrugadas,
diciéndome, ven dedícame un verso y te dedicaré mil besos.



Sexo tántrico

Tus manos de agua
y tu cintura de porcelana.

Tu bemba de sal
y tu pelo de café puya.

Tus ojos de color caleidoscopio
y tu mirada de amanecer.

Tu sonrisa
la cordillera de tu espalda
la llanura de tu pecho
y la playa que reside más allá de la cueva de tu ombligo.

Hoy te digo que quisiera enredarme en tu cuerpo como tallos de trigo.
Hoy te digo que como niño atrevido que de tus manos y de tu cadera soy digno.

En tu ausencia se asoman las lágrimas cuando entre mis dedos no tengo tiras de tu pelo.

Esta mañana boté el café.
Esta mañana bajo la ducha lloré.
Aún así sigo aquí.

Miserablemente en paz.
Caminando por las veredas
dejando nieve en los ceniceros de cada barra
que una vez pensé traerte.

Capturé tanta sustancia de ti que
ahora me queda una disculpa, una birra,
la cajetilla y el filtro.

Pensando en ti quema pero
más lento quema el cigarrillo,

Jodio pillo y ahora me dejas en la oscuridad
entre paredes de ladrillo.

Olvídalo a lo mejor
arrepentida lo más probable
amistad agradecida
pero cuando te despidas
ten piedad de mí sé más amable.

Déjame flores la última vez que te hable.
Hubiera preferido tener sexo en todas tus sábanas y no volver
a vernos nunca más.

Pero sustancia, emoción y algo de sensación en mi ojo
que me daba al verte y escucharte verbalizar y expresar
y hasta tu forma de hablar y la simple manera en que demostrabas ganas de conversar.

¡Cómo, dime cómo me lo pudiste quitar!

Ahora en todos mis poemas solo quiero gritar.
Quiero llevarte a la oscuridad donde me depositaste.
Quiero declamarte el poemario entero que todavía no tengo.
A ver si por suerte, brujería, santería, por fe, por casualidad,
por chiva, por coincidencia o de algún cabrón efecto sobrenatural
iluminaras conmigo en la oscuridad entre ladrillos donde me dejaste.

Ya ni sé con qué rimar porque leo este poema mil veces
y se me olvida respirar.

Cuándo te darás cuenta que a las doce y media de la cabrona medianoche
las tres llamadas perdidas son tres cigarrillos más con melancolía embriagada y ganas de llorar.

Ya ni sé cómo arrodillarme a orar
cuando al otro día mentalmente
las manos me tengo que amarrar.

Te fuiste sin avisar.

Sin comer
sin saludar.

Ahora esto que escribo no tengo
con quien ventilar.

Soledad de la arena cuando no está el mar

dime qué me queda si todavía
creo en la posibilidad de amar.

viernes, 9 de agosto de 2019

Cruzo ríos de nostalgia: tres poemas de Javier Insurgente Velázquez

Tiziano Vecelli (Titian), Paisaje con un sátiro, pluma y tinta marrón sobre papel, del siglo 16.


El Caminante

Soy el caminante que arrastra la melancolía, prófugo de la justicia divina, evito la carretera pero cruzo ríos de nostalgia donde se refleja la vida. Por ahí voy cabizbajo pero con la frente muy en alto, callado aunque haciendo ruido con mis pasos largos. Un caminante sin trazar caminos pero con un misterioso destino, perseguido por una incertidumbre latente que me convierte en un dibujo débil y a la misma vez tan fuerte, recibiendo golpes y chocando con las mismas piedras nuevamente, pariendo errores a diestra y siniestra en este entorno decadente. Igual sigo caminando, brillando con una luz propia que se apaga de momento cuando me caigo en mi desierto, así vuelvo y la enciendo, escribiendo con sangre y espíritu pero finalmente alejado de mi cuerpo. Hasta aquí llegó este caminante, caminé como un almirante que se equivocó, se desvió y recobró su arte de andar, tan oscuro, difuso, efímero y fugaz, pero sin jamás perder la esperanza al caminar.


Los Designios de la Muerte

Mañana gris, sensación inexplicable de un abstracto sentir, mirada trastornada con voz baja, temblorosa, desafinada e infeliz, con luz tenue, piel pálida y ojos aguados, cansados de mentir. Un imborrable y extraño adiós se ha plasmado en mi frente, incursionando en los huesos impactándome de repente, sin poder disimular la angustia ante la gente de la partida de un ser viviente, que me está dejando vacío, sintiendo el mismo frío que sienten los culpables cuando se declaran inocentes. He aquí evadiendo el presente, hoy te fuiste al otro plano aunque quedaste marcado, retratado en mi pecho para siempre al lado de algunos insurgentes y así, continúo tratando de comprender los miles de misterios que esconde la muerte. 


Amada Música Mía

Hoy fue un día exorbitante, mágico, clásico, esplendoroso, majestuoso y musical. Gracias a la dicha de estar vivo, al placer de tener oídos, el poder escuchar melodías, acordes, voces, sonetos y sonidos. Qué energía tan grande, qué emoción tan intensa, qué gran sensación, qué gigantesco sentimiento, envuelto en sonrisas, en pensamientos, en descubrimientos. Sintiendo latidos en el fondo muy adentro que hacen que me tiemble todo el cuerpo con locura, con sentido, con movimientos. Estoy gozando de la chispa que nace de la inspiración, del pudor del corazón, de la profundidad del dolor, de la satisfacción del amor, de la sutileza del perdón. Música para las mentes, es lo que enaltece la piel intensamente, que causa sensualidad, seducción en los seres vivientes. Agradecido de la vida estoy que me ha dado este regalo lleno de luz, preñado de alta plenitud, que me traslada al cielo azul. Y así de esta manera viviré hasta el fin de mis días, amada música mía.

domingo, 4 de agosto de 2019

Sabotaje en mi propio misticismo: dos poemas de Gabriel Cortés Serra

Guido Reni, 'Saint Sebastian' óleo sobre lienzo, circa (1625)



En relieves sobre mi piel


He muerto muchas veces
y tú no lo sabes.
He muerto para tenerte presente
y hacer de tu perdón tangible
en relieves sobre mi piel.

Me compré flores para recordarte,
para traer el ensayo triste
de tus palabras y la mirada que una vez fuiste.

Hace tiempo que asesiné en un baño
ese de mí quien te engaño;
lo ahogué de alcohol
tanto que no tuvo más remedios que abandonarse.

Cuando me hablaste de no regresar,
miré el océano como una salida
y cuántas veces morí ahí, ya no sé;
pero siempre me volteé,
siempre volteé con mirada de sed
en hallar el perdón en tu voz junto a mi nombre.

Me continué matando porque la verdad era trastornable 
y se mal formaba en mi estómago
masticando con sus dientes;
mordiendo tu perdón que ya perdía sabor.

Me continué matando por costumbre,
porque tu ausencia vivía para hacer memoria;
y de qué maneras,
que si pistola o cuerda o navaja
no importa.
Te lo confesaré en otros poemas.

Que aquello que se hospeda en mí
busca sacrificio,
reclama penitencia
para no corromper la mirada que una vez fuiste.

Y aún con tu perdón,
y aún con tu regreso,
seguiré matándome a cada momento;
porque tu perdón nunca fue convincente
y tu regreso no será para siempre.
Incluso anoche
me maté un poco después de besarte.

Ahora, sé mejor:
me compré flores para adornar mi nombre
después de enterrarme.
Porque dime:
Cómo me deshago de la culpa.
Cómo perdonarme.
Cómo no matarme.


Canción lejos de la madrugada

Hay cosas que ya no podré hacer
y si la felicidad me llegara
la sentiré porque siempre me pareció incómoda.
Me aparté de ti fuera del lugar que me quisiste tener
y me gustaría, hacerte entender
que existe una prohibición, un sabotaje en mi propio misticismo:
No quiero flores cuando las pueda tener;
las quiero cuando mis ojos se llenen de espacios negros y largos
y mis labios extrañen tus pétalos.
Te quiero cuando la madrugada es un vacío en el estómago
que ningún alcohol logra consolidar
y que no dejo de pensar,
pensar en la gordura gris de mi decisión;
que no existen cimientos
para yo haberme perdido lejos del eco de tu risa;
que fue una decisión mía
vencerme frente al océano de mi propia imaginación.

Ahí dentro
también estás tú, pero lejos;
el agua es muy fría para tus pies.
Y ese otro tú imaginado me entiende
que nunca seré feliz;
que vivo persiguiendo limosnas dejadas en el pasado,
que para mí el remordimiento es una canción repetida en la madrugada;
que tengo demasiado que sentir la nada de ser otro,
que siendo lo que no soy es una forma de tomar significado,
que me alejo de lo que tengo para desearlo.

Me gusta más la versión imaginada
tuya conservada
que no se arriesga en tocar el agua.
Conoce las reglas,
sabe que no hay manifiesto ni intersección
tampoco propósito
en mi decisión;
que no soy yo cuando estoy contigo.
Tengo que sentirte abandonarme para hallarme
de vuelta en el cuerpo
en líneas negras
que brotan a púrpura
que se cruzan a rojo intenso
que se desplazan a nubes rosadas.
Y son líneas que no curan;
nunca conocerán lo que es permanecer cerradas
porque siempre buscaré lo que no puedo ser.

El tú de mi imaginación es más sabio;
sabe cómo lastimarme.
Y si lo hago, y si de esta no vuelvo
el tú de mi imaginación le dirá al mundo:
‘No es mi culpa, yo intenté salvarlo;
no sentiré remordimiento.’
Si te preguntaran por mi ausencia, responderías:
‘Él es pasado;
el agua era muy fría para mis pies.’
Si te dijeran que me encontraron en una ensenada
entre guijarros y sin corazón, responderías:
‘Bien por él, esos fueron sus deseos;
así empieza una leyenda.’

Esa indiferencia del tú de mi imaginación
hace que yo te desee de verdad.
Porque aquí es cuando empiezo a conocerme
y te revelo que si me hubieras mirado a los ojos y dicho:
‘No te deseo, no te quiero más;
tú y yo nunca volveremos a estar’…
entonces te perseguiría toda mi vida y me olvidaría del mar;
pero si tú me dijeras:
‘Ven, toma mi mano, iremos a nadar’…
sabiendo tú que no sé nadar
retrocedería de ti, dudaría de la verdad y de nuestra existencia.
Pero si fueras tú autor ubicando la navaja
en uno de mis libros,
si fueras tú quien me la entregara en vez de yo buscarla;
si fueras tú el insistente,
si fueras tú el egoísta,
entonces no habría líneas que no curan
y el océano sería una canción lejos de la madrugada.