domingo, 6 de enero de 2019

Suero de mercurio: cuatro poemas de H. J. Leonard



Richard William Seale, Map of the Caribbean (1755)


2019

“Año nuevo, nuevo yo”
dicen los sinvergüenzas
llenando el peine.


Normal

Tres puntos negros
flotan en la zanja
nadie vio nada


Bombita de humo

La que tiraron to’ los Ferdinand
escondíos en el retweet.

La que tiró la policía mientras
nos amotinábamos en la Avenida.  

La que tiró el gobierno mientras
blindaban to’ los bancos.

La que tiró la prensa al
desfigurar la primera plana.

La que tiré yo en la comodidad
de mi futón escroleando
los lamentos de la diáspora
en el “news feed”.


Marismo

Cuerpo curvo se trepa al bote,
al atardecer de Dios regresa,
monta su carga en su burro
para ararlo a pie hasta la loza.

El marisco se come descalzo
y empolla su caparazón sobre
la piel asada, a la brasa
lenta, lenta como suero
de mercurio que explota el termómetro
que barometréa la humedad del viento.

El mismo que trae buenas nuevas.

José, María, el ángel, el niño
Bosco, Marta, Miguel, Juan y Pedrito.
Todos miran desde lo alto del fresco.

Mientras, la capilla se encascara
con el pasar del tiempo
que embriaga el agua cuyo
cause nos lleva más allá de los estrechos.

Por los deltas

Donde los océanos se unen
pero no se juntan.
Donde los mares cambian
sus nombres por diferencias
geopolíticas.
Donde la sal tentando al dulce
destruyen el sustento de las ostras.
Donde los mangles se inclinan al pasar
de los buques con aceite y las centrales
de Gabazo se han mudado
a otro Caribe.

Allí, allí donde el sol quema por
más tiempo. Allí donde la candela
se infunde en canela y la zafra continua
huele a limón.
Allí donde el algodón
lo recogen siervos amarillos
y los tulipanes adornan los panteones
de nuestros padres.
Allí la marea inunda de fósforos las veredas
de un pasado que arrastra las maletas
que nos quieren soltar a la mala.

Por eso prefiero la arena
que me seduce en su aspereza
que sutilmente me incomoda
y me obliga a no detener
la falacia del “pa’lante”
por miedo al “que dirán”
si #yonomequito.

viernes, 4 de enero de 2019

Baila cadabra: tres poemas de Nadya M. Echevarría Quiñones

Konstantin Fedorovich Yuon, 'A new planet', Témpera y Cartón


Llovizna

Ultra-cósmica en horas de no siempre
triple y entera santísima trinidad
de un sweet cosmic show abriendo su estela
y la nota,
planeta terrestre, a distancias
recuperar tu sombra
en mirillas
por palabras rotas a cuatro planos,
así en la guerra como en tu paz,
gánese o se pierdan
sobre tu arena o en mi desierto
luces que te traguen por esta cascada,
sobre el cuarto, el universo
las guerras tibias en vivo a concierto
baila cadabra
flotar o navegar
con memoria en ti, calor de balas
código de letra muerta
color de perpetua olvidada
de las palabras que sobran;
aquí nunca se usan las gavetas,
ni las sobras de letras
que no se piensan contar.



Llave de tarde

Llevas la llave de tu ocaso
colgada en tu cuello
y miras pendiente
a que este océano
no te vierta
a un lugar contiguo
fuera de tu roca
A que cada ola llegue
en su momento justo
justa altura; paz de juez
con tribunal perdido
pues no quedan orillas
sin erosionar
Sobre el farallón,
cuelgas tus pies
hacia picos de agua
alzados
creyéndote arrecife
que no halló su cueva
Por conversar con el sol
te has hecho arco
dentro mío
pedazo de cielo sobre mar
lejana tierra firme
de la que me alejo.



Concierto de luz

Eufórico
asesino de mí
un secreto
a las puertas de tus manos
y de tus ojos que ahora me atraviesan
cobro
de ti
tu sangre
esa que hoy te nombra
y espero ver
tu hora eterna
con lo que aún quede de mí,
contando línea a línea
campañas de frente
tras el armisticio que cubre mi sombra.