Mostrando entradas con la etiqueta women's poetry. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta women's poetry. Mostrar todas las entradas

domingo, 4 de julio de 2021

Registro de días: poema de Nadya M. Echevarría Quiñones

Remedios Varo, El otro reloj, Gouache/Cartulina, (1957)


REGISTRO DE DÍAS 

para escribir de una estrella binaria
de un tiempo fugado que no se alcanza 
hace falta la fantasma que asiste 
al comienzo desde su ausencia. 
encarnación que no logra reconocerse en una realidad muerta 
vuelve como onda pasajera, regresa desde no hay nadie 
al mundo en que abre brechas 
en zonas inundadas de sangre y de balas. 
radiografía de una falta; oficia canto abierto de otros huesos y otras horas. 
coincide con la ingravidez que rodea la noche 
transita la avenida que abre nuevos rumores 
pero el curso del mundo no la lleva. 
desde el monte negro atrae a la ráfaga 
al derecho de las sombras y de los días con posesión subterránea 
al dominio de cosas o palabras 
distorsión monstruosa de lo que no puede entregarse. 
es la extraña certeza de que lo reprimido siempre retorna en síntoma 
en ley de corazón invertido embarcado a la medida de su oscuridad... 
registra también
a la orfandad que incendia toda esta frontera entre pasado y futuro.


jueves, 7 de enero de 2021

Estás en el cortocircuito: dos poemas de Nadya M. Echevarría Quiñones

Alice Rahon, The Next Morning, Óleo sobre lienzo (1958)
 

 

EL SER O EL SENTIDO

Es el ser o es el sentido
o las refulgencias de la discontinuidad:
la ligadura con vértigo de estas notas
Por ejemplo, me tardé tanto desempolvando este día
aplacando su pánico
Ahora un nuevo cisma abriga esa distancia
en el hiato la cólera perfecta de isla en psicodelia
Siempre llega el deja vu totalitario
-no dejarse llevar por el dictamen de los anonimatos-
y despegas cohetes con  el combustible creado en sueños:
Antes que olvide:
Abuela y su hermana caminaban desde las tierras rescatadas en su pasado
Venían riéndose contentas por el parque
De pequeña preguntaba:
¿Y para qué fueron esos rescates de terreno?
Para que tuvieran donde jugar y cómo entretenerse.
¿Y cómo era tu mamá?
Era prieta con el pelo ensortijadito
yo le pasaba la mano, siempre estaba enferma
Murió joven y después yo me quedé cuidando de mis hermanos,
estudié hasta 8vo grado, me gustaba mucho estudiar
Hay canciones que devuelven los cerros, cantos nuevos
Ciertos circuitos imposibles de cortar
Gestos de lo innombrable se vuelven susurros
Pero en esta noche acumulada, se replegan las luces
Hay zonas de librecambio, zona franca
y sures de delirios para sentarse y tomarse un café subterráneo
Ahí dices:
el día que vivo, la exhalación que amanece
la crepitación de memorias frente al mar tornasolado
ese que cubre peces que aprenden sus nombres
Rehacen terreno de contestación
armas contra las contingencias del tiempo y de la muerte
Miro, con lámparas del instante, por momentos apenas
y pude ver a los espectros que militan sin cadena causal que valga
Entre distorsiones ligo el ser y el sentido y no hay sometimiento
a la vergüenza de órdenes resquebrajados
Volví a mirar porque es mucha la noche
pero sabe arrojarse y tiene voluntad como afecto de mando
como un sol a mediodía que te expone en su cenit
pero te reviste con tus propias sombras
Estás en el cortocircuito, lo real es este intervalo
donde me hago posible.



MOVIMIENTOS TECTÓNICOS

Lo que no abolió el azar fue cierta traducción de relámpagos
la mirada expandida hacia la eterna dinastía inconclusa de nuestros verdugos
No se colman las tinieblas con pagos ni recibos
ni tampoco se corrigen las horas entre cazadores y testigos
No reclamo una lección de luz en esta realidad fugaz
A lo lejos una colección de cosas muertas me miran de vuelta
Ya aprendimos a prender las luces, incluso en las mañanas
y que los dioses también se pudren
Sabemos de sobra
 que se bebieron el mar
 que nos borraron los horizontes
 que estamos más lejos de los soles
 y que nos sopla en la cara
 el espacio vacío
Nos sabemos cubrir con sábanas de tinieblas
y aprendimos también de la luna y sus mareas,
que aquello que no funciona y que no cuadra:
lo arrastrará  el oleaje hacia la negrura abierta
donde es denso el vértigo que acecha lo perecedero
Irán a las corrientes infinitas de la especulación económica
que denomina hoy a este territorio poseso de alacenas con polillas
Contra esto, la adecuada ola nocturna
contra la canción en las salmueras del presente y del pasado
Cancélame los puertos con ese ritmo de siempre que sabe a traición
Por los territorios del misterio se abre el extrañamiento
el cielo con relámpagos y el talismán de despedidas
A ver si así con esto se contentan nuestras placas.


martes, 10 de diciembre de 2019

Té de morfina por mis venas: tres poemas de Claudia Pascual

Paul-Albert Besnard, 'Adictas a la Morfina', grabado (1887)


Té de morfina


Té de morfina,
por mi sangre con jeringa,
para vivir con risa,
para morir sin prisa.

Una mano perla negra,
nudillos rígidos como peñas,
sus anillos crean cordilleras,
brilla la cima con oro y gemas turquesas.

Y entre sus dedos como cigarrillos quemando,
descansa la aguja- el temor y el deseo goteando,
y mi piel rompe y bebe como hacía antes,
hasta ver volar mariposas de sangre,
hasta ver risas, rosas y tus ojos morados.

Tu sangre se arrastra sobre la mía,
mariposas, rosas y risas,
jadeando, tu lengua alcanza la mía,
mañana es un ayer que soñaba.

Té de morfina
por mis venas vuela como golondrina,
para matar el tiempo de mis memorias,
para vivir soñando con el amor que me hacías.


Dame un beso

Dame un beso,
llévame al cielo,
hasta escuchar el eco,
del goteo de nuestros pechos,
romper las estrellas de hielo.

Dame un beso,
nademos,
hasta oscilar sin oxígeno,
y sentir bailar nuestros cuerpos,
embriagados por sal y amaretto.

Dame un beso,
llévame al infierno,
hasta relamer el veneno,
de nuestras lenguas en fuego,
por el frío maldito de este invierno.


Pensando en musarañas

Pensando en musarañas
brinqué al tope
de una montaña
sin rocas ni plantas
ni aves ni iguanas.

Había una charca,
dónde el viento me hablaba.
Su brisa, como dedos
tocaba las olas rígidas
como las cuerdas de una guitarra,
compuso una melodía
que solo yo me sabía
sin conocimiento
de las letras que producía.

Al ritmo crudo, las nubes vibraban
como azúcar rebotando en plata
creando hilos de biso, algodón rosada
meneando sus gotas de agua
resbalando al margen de nada
esperando la caída liviana.

Brotaron de gotas salpicadas
orquídeas blancas
con pecas moradas
suspendidas en el aire
persistieron girando
como hilanderos de viento
pétalo persiguiendo pétalo
amatistas ardiendo
entre el cielo y el suelo.

Ya no pienso en pajaritos preñados
bajo el árbol
me raspo
en madrigueras
duermen las musarañas.

sábado, 30 de noviembre de 2019

Apuntes para un sueño de otoño: tres poemas de Noraida Malugin Soto

Salvador Dalí, 'Mujer y quimera', dibujo.


Apuntes para un sueño de otoño

Desperté y la nube lo cubría todo.
Mi cuerpo bañado en vapor de tierra.
La habitación desnuda se llenaba de ecos.
El silencio cargaba versos en sus brazos.
Los pájaros permanecían inmóviles en sus nidos.
Un grito moría lanzándose al vacío.

La mañana se enredó en mis cabellos.
Posó sus labios tibios en mi cuello vaporoso.
Clavó dientes y uñas en lugares secretos.
Una sonrisa se escapaba despacio.
La lluvia golpeaba la ventana al compás de los cuerpos.


El ruido de las trinitarias

El ruido de las trinitarias
no cesaba
la noche que partiste.

La muerte también es un
poema que se escribe
con el lápiz del olvido.

Los sonidos de tu
cuerpo aún vivo
se deslizan
despiadadamente
por el colchón.

Tus manos levantadas
como en oración
para recibirme en tu abrazo.
El duelo es un amigo
que te escupe la cara
sonriendo.

Tu voz vibrante
repite un rezo
más por escucharte
que por clamor al
divino. La vida te calla de golpe
y llega el temblor
disfrazado de descanso eterno.

Mis dedos cansados
de tanto llorarte,
aprietan el papel.
Se ahoga mi risa en
el desierto de la noche.

Cierro mis párpados
para invocarte,
me arropa tu calor vestido
de franela.
Te quitas las botas manchadas,
para cubrirte los pies
con la ofrenda de mis versos.


Breve historia de luz

La luz se cuela por la ventana cerrada.
El caos irrumpe sigiloso por los huecos
infinitos de las superficies.

Camina sin pies por el piso frío,
que huele a humo.
Siente el fuego vacío que le lame las piernas.

Se acuesta sobre la cama desnuda,
la cama y la luz.
Se abre la puerta.
La luna se esconde tras las almohadas.

Despierta y erguida despide a la luna
con una sonrisa.

Viento, la mañana, el mañana y los después.
La luz se despide de la cama desvestida.
El caos le toma la mano.

Vuelan, caminan o se elevan.
Se repiten.

viernes, 5 de julio de 2019

La nada es un todo: tres poemas de Noraida Malugin Soto

Jean-Gabriel Daragnès, il. Les Amies de Paul Verlaine, grabado en madera, (1919).



22 días después

Hablo alto para que mis palabras
reboten en las paredes
polvorientas y cubiertas de hojas.

Ya se ha ido, pero sigue haciendo
estragos afuera
(y destrozos catastróficos adentro).

Las bandas del huracán nos
abandonaron hace días,
mas no aplacan sus embestidas.

Solos todos,
cada uno en su esquina,
esperando el turno para batirse
a golpes con esta contrincante ausente.

Me seco el cuerpo, luego
de haberme empapado de lluvias,
lágrimas, sangres, lodos, fluidos.

Me río por lo bajo, y la risa se confunde
con el llanto de los presentes,
los desaparecidos,
los ausentes,
que nos palpitan en la memoria.

La sonrisa se me apaga de golpe.
Cierro los puños,
y escucho el aullido desgarrador
que se cuece en mis entrañas.


Poema para esperar el sol

La muerte me acaricia la espalda,
me arrulla y promete el final.
Le creo, cierro los ojos
y me entrego al frío
roce de sus dedos.
La escucho susurrarme versos,
lamerme las orejas,
posar sus labios helados
sobre el calor de mis muslos.
En un trance, la dejo seducirme.
Le creo, una y otra vez.
Ya gimiendo, agotada,
recuerdo que el romance
con la vida no acaba,
que solo estamos peleadas
y que mañana tal vez
quiera volver a penetrarme.
Aparto a la muerte de un golpe.
Me ducho para borrar sus huellas,
y perfumo mis adentros
para esperar el sol.


La nada

Voy tirando de la cuerda
que me ata a la nada…

Esa nada espaciosa,
llena de nada.

La nada que consume,
se materializa.

Ceso de tirar y la acaricio,
me responde.

La nada me acaricia con
labios húmedos, con dedos torpes.

Cierro los ojos (o tal vez nunca
estuvieron abiertos),
abro la boca.

La nada tiene lengua.
Me habla, adentro.

La nada urde palabras
que me desliza por el paladar.

Con la lengua aún en la boca
la nada me besa.

Besos de labios húmedos,
sedientos, llenos de nada.

La nada tiene manos.
Manos fuertes, manos largas.

Con las uñas me traza en la espalda
letras clásicas.

Letras que me arranca de la piel,
que deposita en mi boca.

“Ambrosía”, susurra.
¡La nada tiene voz!

Se humedecen las sábanas
y la nada me sonríe.

La nada tiene dientes.
Me muerde y me restaura.

Con labios, dedos, lengua, voz, dientes.
La nada es un todo.

La nada tiene cuerpo,
abro los ojos, miro y le pido
que se quede.

martes, 4 de junio de 2019

Cortante Carraízo: tres poemas de Alaira Alejandrina Lourido Corretjer

Angie Hoffmeister, 'Portrait', Punta seca (2011)



Cortante Carraízo

Es daño irreparable la sed mojada
de desenfrenos y descarrilados.
Beber de más y de menos deriva ábates aflictivos
por aguas aseadas sin alcance.
“Territorio del terror” son llamados a bocas secas,
los soñolientos apurados que sin dormir
no bebieron para apetecerse.
Tomaron, sin sentirse empapados
gracias al orden de presiones prescritas.
En sueños ajenos
fatigan sus despertares sedientos.
Cansados de no vivir,
sobreviven vitoreados por foráneos.
En el alba de sus pieles envejecidas
ante deshidrataciones, malheridas,
piensan: “La vida es corta sin deseos.”
Y, ¡pobre de ellos,
viejos, sedientos, y cansados! 


Miedo

Te recojo por las noches de lo alto, ¡divino fuego!
¡atravieso cascarrabioso y tupido sin casqueras!
que despojo, y muerden las mariposas los aposentos
y listan claveles resucitados
ya me envuelvo, ya no pienso,
que tengo los guantes bien puestos,
¡y bebo travieso los cuentos que dice mi madre!
¡Nací sin padre! Gritaba mi madre
de la planta fugaz, de los momentos perdidos en alharaquientos
No merezco saltarlos,
adoquines de cariaco,
yo me cuento los lunares tallados a choretas moscas
¡Ay! ¡Es que estos dolores lumbares!
Y no me encuentro los pasajes que alabaron,
satines grises vestían vislumbradas
sus manos astilladas
¡Y no me vendo y no vuelvo a caer!
¡no te creo y no me creo poder falseo amoniaco!
soy la tumba derrota de lo chipoteado en cumbre.


Feminicidio en el Paraíso

Qué tal, que hurtas por la gana de la condición que te lo permite.
Llevas barba atropellada con testosterona, y un juicio pobre que acentúas.
Me quitas el derecho de sentirme segura en la noche, 
con los pasos de lobos fieros.
Es que humillas y humillas plaga de peste que grita,
es que pides y coges,
y tomas con ansias los filetes que somos de la calle y siempre.
Hay que hablar porque frustra.
Hay que hablar por las hermanas encarceladas de bocas, pies y mente.
No estamos hechas para pensar, dice la gente.
Somos negocio, máquina a tus placeres, somos nada,
somos piezas, orgías, sin derecho,
y en el pecho placentero que rozas solo vez deseo y comida,
somos hilo, somos fragilidad con espinas,
somos la justificación de tus demonios
y los sacrilegios de tus crímenes al mirarnos hambriento,
somos denigración y rechazo a lo prudente,
somos 100 años de derechos a pajitas tiradas y seguimos siendo la burla eterna
por nacer tan todas, tan completas;
dios es usted, creando algo igual de contradictorio,
para mirar hacia arriba
hacia ÉL, que lleva tus partes,
para justificarte en la manipulación de la razón del poderío,
ese que llevas en el bolsillo desde que te guinda en carne.
Eres falocéntrico y dominante, y usas para todo lo que te conviene
y usarlo en nuestra contra por las ocultaciones del sol,
quieres controlar, eso es lo que apasionas
porque eres miedoso de que te lo arrebaten.
Seguimos esta lucha, más fuerte que antes jamás,
inacabada,
pero en pie sigue,
en memoria de la rebeldía que lo pensó antes,
en padecimiento de ti, mismo asesino,
tras las rejas de tus palabras y condicionamientos,
este en nuestro infierno, porque salimos del vientre de una madre, pareciéndonos a ella,
por las mismas, valientes,
así, que son nuestras heroínas,
nuestros espejos,
las admiramos siempre,
y por todas luchamos, y por nosotras y las que vienen,
la nueva religión será encontrarnos.

jueves, 31 de enero de 2019

POESÍA DE NORAIDA MALUGIN SOTO

Margarita Pamies, 'Pajaros sobre un brazo de mujer', Aguafuerte y ruleta (1990)


Con tus manos-aves

Tus manos inquietas,
como aves que presagian tejiendo
el fino borde de la locura.

Desperté y aleteaban intranquilas
en el umbral del recuerdo.
Sudorosas y frías,
se desbordaban sobre
las orillas sedientas de mis labios.

Arráncame este velo desgastado,
con tus manos-aves,
con tus dientes-hierro.



Hoy me desperté adornada de pájaros

Hoy me desperté adornada de pájaros.
Eran todos pequeños, negros, azules, blancos.
Se me deslizaban por los brazos y apenas los sentía.
Abrían las alas y las cerraban despacio.
Sonreían sin bocas, hablaban entre sí,
y se detenían a mirarme.
Así estuve por un rato,
hasta que uno, el más pequeño,
subió hasta mi oído y me besó sin labios.
Entonces, todos fueron agua y rosas,
y los adorné de espuma nacarada.



Donde la luz no alcanza

Estaba sentada al final,
donde la luz no alcanza.
Te vi, venías vestida
de absoluta desnudez,
de la que no se ve,
pero se palpa con los ojos cerrados.

Arrojaste una flecha encendida,
que detuvo las horas y
se fijó en mi pecho.
Ardía, arrebatado,
un rojo fuego impenetrable.

No podía moverme,
pero mis entrañas afligidas
clamaban piedad.
Mis pies entumecidos afloraban
bajo la sequía de tus labios.

Con manos aladas, heridas,
sangrantes, aparté de mí
tu cuerpo. Me empaló tu mirada,
y sonreíste.
Dejaste ir de la flecha,
el corazón expuesto,
palpitante.

Y quedé allí,
donde la luz no alcanza.

sábado, 19 de enero de 2019

POESÍA DE VERONIKA RECA

William B Leggatt, 'Psyche', grabado en madera (1930)


Miro los ojos aterrados de la gente,
padrenuestros en la punta de la lengua;
estragos del tiempo.
Miro con imperfección de credo
poesía religiosa.
Dejo escapar mi nombre por si alguien me está buscando.


Pierdo los abrazos,
saludos cordiales lacerados,
abecedarios sin consonantes.


Siempre algo falta,
algo sobra.


Peso albino mira como punto negro en el nada.
La sorpresa y el sobresalto de ver algo oscuro.
Mis sonrisas lamiendo las braguetas del cuerpo,
los disimulos en espera de verme flaquear,
se me nota el hastío.


Labios siempre en ayuna,
famélicos de acidez,
miro de reojo las ganas ajenas tratando de insuflarme ánimo.
Un par de pies sueltan una carcajada enferma.


Voluntad de no llegar.



*    * *



“Toca a la mesa siempre hablar del hombre”
Karla Cristina


Sintonía de lo absurdo,
hace ruido para despertarme.
El eco de mis pisadas,
Viacrucis de una mirada que ya no sostengo.


Quiero
la mesa de abuela y a la abuela prestada
Ella besa mi frente como si supiera.


Hoy toca callar al hombre
entre sonrisas mordiendo la resistencia efímera de un cilicio que lacera apaciguado la tradición
las migajas.


No hablaré del hombre.
Sobrevivo lento.
El hombre en mi mesa
Solo uno,
Cansado.
Me falta como las cosas que a penas conozco
Como por ejemplo dios,
la gloria.


Usurpo la mesa de otros para llenarme.
Con algo de menos tendré que vivir.

lunes, 10 de diciembre de 2018

POESÍA DE CAMILA AYALA



La Fiebre Amarilla


Dormimos juntos la noche del apagón
Nuestros cuerpos invisibles como el alma
Invisibles como Dios
La barriga hinchada de vino barato y pastillas no recetadas
Dormimos juntos aquella noche del apagón
Desparramados en aquel matre como dos sapos disecados
En aquel matre con olor a muerte anónima
Y algo nos decía que allí estaríamos felices:
Entre agujas usadas y sangre ajena
Entre las sábanas amarillas de orina y sudor
Amarillas del amor de lixiviado
Y quizás pudimos haber estado destinados a una vida de matres limpios
Y sábanas cálidas
Y cuerpos sanos
Pero aquí vivimos de nuestra propia fiebre
La fiebre amarilla que nos impide el despegamiento del matre
Y nos pega el uno con el otro
Como amantes en peligro de extinción


La Litera


Aquella noche dormimos en una litera;
tú arriba y yo abajo, sin siquiera darnos las buenas
noches. En el matre de arriba dormías, protegiendo
las botellas de licor; en el de abajo, me ocupaba yo del cenicero.
No hay manera de olvidar al amor, pensé, ni siquiera acostándonos
en camas diferentes. Aborrecía a la litera pero no la cambiaba por nada
del mundo. Dormías arriba mío, y con saber que ahí estabas, conmigo, bastaba.
Te adoro. Aunque estemos en camas diferentes,
siempre te voy a adorar y de eso vivíamos.

30 de septiembre: Ahora duermes en una cama diferente y no me queda más
que los trapos que usaste y la memoria de los días en
los que el amor nos bastaba.

Nos alimentaba.

Te extraño.