Mostrando entradas con la etiqueta Claudia Pascual. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Claudia Pascual. Mostrar todas las entradas

martes, 10 de diciembre de 2019

Té de morfina por mis venas: tres poemas de Claudia Pascual

Paul-Albert Besnard, 'Adictas a la Morfina', grabado (1887)


Té de morfina


Té de morfina,
por mi sangre con jeringa,
para vivir con risa,
para morir sin prisa.

Una mano perla negra,
nudillos rígidos como peñas,
sus anillos crean cordilleras,
brilla la cima con oro y gemas turquesas.

Y entre sus dedos como cigarrillos quemando,
descansa la aguja- el temor y el deseo goteando,
y mi piel rompe y bebe como hacía antes,
hasta ver volar mariposas de sangre,
hasta ver risas, rosas y tus ojos morados.

Tu sangre se arrastra sobre la mía,
mariposas, rosas y risas,
jadeando, tu lengua alcanza la mía,
mañana es un ayer que soñaba.

Té de morfina
por mis venas vuela como golondrina,
para matar el tiempo de mis memorias,
para vivir soñando con el amor que me hacías.


Dame un beso

Dame un beso,
llévame al cielo,
hasta escuchar el eco,
del goteo de nuestros pechos,
romper las estrellas de hielo.

Dame un beso,
nademos,
hasta oscilar sin oxígeno,
y sentir bailar nuestros cuerpos,
embriagados por sal y amaretto.

Dame un beso,
llévame al infierno,
hasta relamer el veneno,
de nuestras lenguas en fuego,
por el frío maldito de este invierno.


Pensando en musarañas

Pensando en musarañas
brinqué al tope
de una montaña
sin rocas ni plantas
ni aves ni iguanas.

Había una charca,
dónde el viento me hablaba.
Su brisa, como dedos
tocaba las olas rígidas
como las cuerdas de una guitarra,
compuso una melodía
que solo yo me sabía
sin conocimiento
de las letras que producía.

Al ritmo crudo, las nubes vibraban
como azúcar rebotando en plata
creando hilos de biso, algodón rosada
meneando sus gotas de agua
resbalando al margen de nada
esperando la caída liviana.

Brotaron de gotas salpicadas
orquídeas blancas
con pecas moradas
suspendidas en el aire
persistieron girando
como hilanderos de viento
pétalo persiguiendo pétalo
amatistas ardiendo
entre el cielo y el suelo.

Ya no pienso en pajaritos preñados
bajo el árbol
me raspo
en madrigueras
duermen las musarañas.

domingo, 27 de enero de 2019

POESÍA DE CLAUDIA PASCUAL

Nigel Van Wieck, 'Q Train', Óleo sobre lienzo (1990)


Mi infierno

Caigo de rodillas,
contra el cemento de mis lágrimas,
rezándole a santos que no creo,
rogándole a un Dios que no veo,
que me saquen de este infierno.
Decidir parar de amarte,
es tortura voluntaria, infierno purificante,
es respirar el humo de mi carne,
insaciablemente quemándose,
cada vez que sudo la memoria,
de nuestros cuerpos rozando, como antes.
En este fuego indispensable,
sudarte ya no es sinónimo de amarte.
Gritos diabólicos chillan tu nombre,
hasta rasgar mis tímpanos de cobre,
cada vez que imagino el esplendor de tu mente,
cada vez que busco el eco de tu voz resplandeciente,
cada vez que acuerdo el liso mar celeste.

Fuego inextinguible arde en mi lengua,
para destruir el sabor del vino de tus besos,
burbujas de ácido cubren como dunas mis párpados,
y brotan como un rocío que inunda mi cara cauterizada,
al acordar el efigie de dolor que eras, que me llenaba.

Eras como un ángel, más sagrado que el aire bendecido,
pero en las tinieblas ardiente de mi soledad,
eres mi ángel caído devorando el amor y la felicidad,
el Adversario escondido en la luz, debilitando mi voluntad,
con cada paso impetuoso que das sobre la Tierra de Paz.
Manos esposadas en oración forzada,
mis uñas desnutridas se entierran partiendo mis nudillos,
y mis dedos enjutos atraviesan por mis palmas,
hasta ambas tejerse como canasta de sangre y carne escuálida.
¡Alguien que me ampare de este infierno indefinido!
Radiando en llamas, forcé la entrada de mi infierno,
y decidí parar de amarte,
para de ti mi pecado salvarme.
Decidí parar de amarte,
pero sin ti, mi flor marchita ya no late.



Me han criado pensando

Me han criado pensando,
que todo lo que digo y hago,
debe complacer cada macho.
Me han criado pensando,
que los tucos de mi sobaco,
espantan hasta los caballos.

Me han criado pensando,
que me debo afeitar en todos lados,
para quedar como muñeca, no un trapo.

Me han criado pensando,
que comer es necesario,
pero que mi figura no pase de un size cuatro- y cuidado.

Me han criado pensando,
que mi pelo lacio teñido,
es más saludable que el pelo rizo- “malo”.

Me han criado pensando,
que decir “negrito” es de cariño,
y que el racismo es solo para americanos.

Me han criado pensando,
que debo tapar mis muslos con las manos,
si no, los hombres se aprovechan de mi canto.

Me han criado pensando,
que debo limpiar platos,
y dejar que mis tíos se den los palos.

Me han criado pensando,
que para los veintiséis años,
un anillo debe apretar mi dedo largo.

Me han criado pensando,
que las lesbianas son machúas,
y las machúas son jamonas con gatos.

Me han criado pensando,
que los gays no se les dice maricones
y los maricones son hombres buenos, mansos.

Me han criado pensando,
que detrás de todo hombre,
hay una mujer cocinando.
Me han criado pensando,
que si no tengo hijos para los treinta años,
mis ovarios, mi vida está deteriorando.  

Me han criado pensando,
que si salgo por la noche en tacos,
estoy provocando, buscando “mambo.”

Me han criado pensando,
que puedo ser lo que quiera,
menos puta, monja o presidenta.

Me han criado pensando
que soy puertorriqueña de pura cepa,
pero que no me comporte como jíbara del campo.

Me han criado pensando,
que soy una mujer del futuro,
pero el futuro ha llegado,
y pocas cosas han cambiado.