viernes, 28 de febrero de 2020

En acuarelas de la nada: 3 poemas de Karla Cristina

Remedios Varo, 'Cazadora de Estrellas', (1956)


La gente huye a diario
porque, aunque no digo todo lo que pienso
mis cejas lo vomitan.

Ya apesta andar siempre hombro arriba
cuchilla bajo la lengua
espejo tracción trasera.

Juro que no es paranoia
la obsesión de amordazar y hacer silencio
todo lo que el sentido común grita.

Apestan los abrazos podridos en el pecho.
Amor que se pudre sin ser composta.
El ojo que no para el aviso.
de que una ola está resurgida
matándonos. 


***


Trabajaré la paz en estos días
sin resumirme al hombre que sigo siendo. 
En algún hilván de fábrica teñida
esparciré los retazos de lo posible.

Hoy, trabajaré la pausa del tacón.
Tocando madera en algún pasillo angosto.
Me gusta pensar que hay ritmo en lo que piso;
volviéndose múltiplo de algún duende mágico

Mañana, si tengo suerte
Estiraré los brazos a un cielo vacío. 
Me veré en acuarelas de la nada.
El cielo en mi pelo abrirá paso al reposo,
a lo diluto que será un enjambre de plumas. 

Pasado mañana volverá la arena
y será huracán, y será ceniza,
en un estornudo hemorrágico me llenará de mi misma. 

Entonces, acabada toda, retomaré la escoba
volviendo a cualquier día parecido al lunes.

Ordenaré la casa cuanto sea necesario.


***


Al balcón de esta casa
hago cuna para las tristezas.
Colocaré una hamaca para recibir a los amigos
y a su vez la suma de las cosas que colapsan. 
Preparo algún sopa, mucha cerveza,
intentando que el espacio permita tomar las brisas. 

La bendición de los amigos son las trenzas.
Ordenar cuanto sea necesario la casa,
permitir que el fregadero se desborde con frecuencia.

La bendición de los amigos son las trenzas.
Mirar el agua correrse entre las manos con alguien
poner luz a las aceras
abrir caminos.

¿Cuántas veces puede abrirse este cielo hacia la nada?

La bendición de los amigos son las trenzas. 
Poner en orden, cualquier cosa,
o permanecer juntos ante la enredadera.

lunes, 24 de febrero de 2020

I let it: poema de Sonja Ciel Nieves

Jan Frans De Boever, 'El pacto', gouache sobre papel


I let it

I let it.
I let myself go.
This thing that lurks in the grass.
Crawls down my thighs.
It's yours,
Take it
Now.
I can not stand this horrible silence.
This tedious distance,
between your mouth and mine.
During the daytime, hope comes.
Some sudden breeze,
and then it leaves.
Stumbling under neon lights.
Smelling of cigarettes and wine.
That machine.
It takes videos of us.
It plays my favorite song.
And for a second I'm in control.
Then it fades.
That sunset I wanted so bad.
Forever, I yelled.
But you didn't listen.
I'm replaceable and dirty.
A disease that needs to be cured.
I smile whorishly .
You smile back.
It's nothing.
It means all.
Tell me,
you want to end me once and for all.
Buried deep.
I feel the damp ground in my arms.
Some sort of violence, ripping my chest,
penetrating my skin.
Over and over again.
That smell.
I can't stand it.
Just come.
Do whatever you want with me.
I beg you, please.

sábado, 22 de febrero de 2020

Para escandalizar la sombra: tres poemas de Veronika Reca

Ethel Gabain 'Voces', litografía, (1911)



Satisfechos

Me abraza un turbio remordimiento oprimido
por una angustia volátil,
como una tempestad que se aleja,
que se supone cierra los ojos, 
envuelta en una tranquilidad pasmosa.

Para escandalizar la sombra
inhalo con rabia,
tumbándome,
inopinada de fiebre en las facciones,
sustituyendo el sonido
por un cálido gemido que opaca.

Un desconsuelo infantil sabe tocarme,
boca arriba el techo me hace guiños
purgando con los dedos las sombras.

Una pizca de culpa me susurra
un padre nuestro,
me persigno con el mismo dedo
que me destierra.

Aniquilando los gritos en la garganta,
nudos críticos,
se me escapa su nombre en ruidos intempestivos,
satisfechos
mientras se van trenzando los chorros
bajo mi torso espeluznado.

El dios que conozco no tiene ojos,
ni boca,
es un dios minúsculo,
de límites estrechos.

Aquí las cosas parecen obedecer
su ausencia,
como si su voz perfilada se adheriera
a las paredes,
me repelía, me atraía insitivamente
una idea absurda de gozo,
espesa, extraña, inmutable.

Cuando no está
me gusta hurgarme por dentro.


Ensayo sobre las cosas

Me gustan las cosas
porque se llenan de gritos.

Repletas de secretos
absorben los olores
y guardan su placer al humo,
e hipócritas,
sus extraños anhelos.

Voy, insulsa, con mis sueños
tras las cosas,
para no desilusionarlas.

Sus ojos inopinados guardados en los excesos recrean las sombras,
hay cosas en las que el tiempo no tiene valor.

En su vaho cálido
indoloro como un remanso de vida,
me recuesto en las cosas,
mayormente desnuda,
con las cosquillas internas penetrando
en ese fondo inagotable de fluidos
que se pierde tras la mesa cuadrada,
en las esquinas de los tiestos
que nunca llevan flores, inhalando
en la atmósfera una suave locura.

Las cosas traspasan los límites,
la tristeza tiene ojos en los floreros,
en los espejos desvencijados,
tras el viento que da en la encimera.

Mis cosas te llaman, vacilantes,
agudas, una crispación imponente,
una desesperación hecha belleza.

Cuantos días sin importancia
guardan el porque de las cosas,
el tiempo húmedo,
la envidia de las paredes que soportan
el hastío oyéndonos venir eufóricos.

Creo en mi simpatía por ellas,
por las cosas,
que cuando te extrañan se desmoronan y rompen.


Despojos

El gran rumor del viento tiene para mí un gran encanto 
y la ansiosa expectación de millones de ojos que no duermen,
borrachos de temores, emancipados a la fuerza de un manojo de casas dormidas.

Los velones sin altares, como centinelas, 
la gente que lucha por arracimarse a algo.

La tierra nos mece, conmovida, 
como un grave saludo de bienvenida. 
Anda descalza la escena en la 
desvencijada habitación de improviso.

Estela de ruido que guarda el llanto del concreto que ya no abraza.

Todo empieza a ser extraño
como prolongación del luto.

Me culpo... por este miedo escaso, conmovedora en mi desamparo.

La locura sonríe torcida.

Tiembla la tierra bruscamente recobrada
con el humor endiablado.

NO tiemblo con ella.

Ando perdida de deseo,
ardida, con un par de labios entre el ceño fruncido.

La percepción nebulosa del paraíso en su baja cintura.
Sus ojos de individualidad propia, provistos de una ternura horrible.

Me culpo por no temblar cuando la tierra
nos despide su furia en la asincronía de nuestros pasos.


sábado, 15 de febrero de 2020

Este arte desquiciado: tres poemas de Noraida Malugin Soto

William Henry Dethlef Koerner, 'A Mystical Incantation', óleo sobre lienzo (1922).


Una nube lleva tu nombre

Esta nube negra que me acompaña presagia tu ausencia, 
se ha atado de un fino hilo
que llevo en la muñeca.
La cargo a todos lados y si la olvido
se engorda hasta desbordarse
sobre mí.
Recibo el agua fría sobre mi
cuerpo semi inerte y convulso 
de recuerdos.

Tus manos tejiéndome sonrisas
entre dedos torcidos.
Tu cansado e incesante caminar,
el cuerpo obedece al que no se deja llevar
por sus perezosas corrientes.
Tus ojos siempre devorando, 
clavando preguntas que cavaron hasta la cueva de Lot.
Tus manos, otra vez y siempre, 
agarrando fuerte el porvenir
y gritándole de frente.
Tus besos escasos, tesoros escondidos para explorar.
Tú, toda tú, siempre tú.
Repetida al infinito cuando te deba soltar.

La nube negra sigue halando y
la lluvia tormentosa repica sobre el corazón que, 
aunque herido, no cesa de cantar 
la melodía gloriosa de tu nombre.


Parábola de la piedra 

Cual animal sigiloso
andabas a escondidas
en uno de esos
rincones empolvados
de mi cabeza.

Recuerdo alguna palabra
alguna broma
alguna imagen
y vuelvo al lugar
donde tus dedos
se toparon con
los míos.

Tu voz
el torbellino de susurros
estridentes entrelazados
con el repicar de 
tu risa.

Como cuando
acercaste tus labios
a mi oído
y clavaste tus palabras
en mis tímpanos
sedientos.

Háblame otra vez
de tanto y de todo
sin decir mucho
deja que tu dicción
semi perfecta
corra, fluya, se desborde.

Coloca tus manos
como dos rocas
sobre los lugares
menos sagrados de mi cuerpo
y evoca divinidades
que esperan ansiosas
por ser descubiertas
bajo nuestros pies.

Excava en el sitio
exacto que dejaste a la
intemperie la última vez
encuentra tus tesoros
tantas veces abandonados.

Encuéntralos y déjalos
que no olvide otra vez
este arte desquiciado
de extrañarte.

Descansa ahora
sobre el polvo
de tu ausencia.


No basta la noche

Extraño tu silueta jugando a ser sombra, 
aunque siempre ha sido luz.

En esta oscuridad
recién descubierta
quiero cubrirte.

Deshojar despacio 
tus capas,
llegar al epicentro.

Trazar constelaciones
sobre tus párpados cansados.

Escuchar cómo se rinden
hasta tus huesos 
bajo el tacto de mis manos estrellas.

No basta la noche.