jueves, 5 de noviembre de 2015

EL PRECIO DEL FUTURO

Paul Gustave (1832-1883)

Vengo de ti a la era
donde todo es de todos:
los que llegan, los que se han ido,
los que aún no han venido,
los que no volverán. . .
Eunice Odio


Descubro que un espanto se ha pegado a mis manos
Miro las nubes y la serenidad accidental de su diseño
Miro las nubes a veces piloteadas por fusiles
Bordadas con naves invisibles desde una oficina
Reviso la palma de mi mano y las manchas de leche en mis uñas
Hago laberintos de fracaso con mis dedos y las ofensas se dañan
Mientras construyo aldeas tropezando con la matemática de un cristal
Me empujo a los ojos de la verborrea, a la cama de mis amigos
Sonrío cuando les veo llegar a mí, cuando a veces manosean mis huesos
Y a veces escapo de mi presencia aunque la busco nuevamente
Vuelvo al cisma y voy juntando muestras de esta isla y sus momentos
De las islas que caminan Nueva York, Arizona, Oregón y Maryland
Siempre soy fiel a la identidad que vino a mí desde el primer día
Y me disgusto ante la manía de los disgustos pues todavía creo en el amor
En la travesura de perderme y volver tapado al hielo en nuestra aldea
A la distancia de mis emociones como suelen leerse los libros pasajeros
Pero a veces los libros también respiran el mate de nuestras voces lugareñas
Pienso en el vacío de mi tumba y si habrá un espíritu que aguante la nevada
El auxilio de Sylvia disfrazada de monja y su convenio de calmar mis muertos
Cuál de mis historias sobrevivirá al juicio de este tiempo en memorando
De la lumbre que ahora se ocupa de asediar las gargantas de cualquiera
Si es que nadie puede burlarse del orden o de las trampas de su destino 
Cuántas vidas huirán del futuro aun sabiéndose formas simples del hechizo
Por eso bebo mi sangre fría y escojo vivir, hasta que un beso me rompa la boca
Así es la sorpresa de mi regreso.

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