domingo, 1 de septiembre de 2019

A eso de las cuatro en la lluvia: tres poemas de Oscar Shiwdin

Lovis Corinth, 'El Beso' Grabado a punta seca (1921)


Arco y flecha

No es que me fui
es que me voy pa lejos.

El cacique exiliado,

al que echaron a la
selva para ser tallo y hoja.

El cacique y no era Agüeybaná,
ni Mabodamaca y mucho menos
Yuquiyú.

Me echaste tú a la boca
del Yunque a convivir
con caoba y ceiba,

pero soy igual que tú.

No es que me fui,
es que vengo orita.

El cacique eres tú, pero
exiliado somos todos.

Y en esta selva
de cemento, brea y vidrio,
el gerente y el supervisor
soy yo.



Flores entre fresas

Es inevitable. . . Sexo.
Sexo en el cuarto
sexo en el baño
sexo en la cocina.

Sexo en el carro.
Sexo en el carro aquí te espero a las cuatro te veo, sexo.

Sexo en el carro.
El estacionamiento vacío,
el clima frío, enamorarme de ti
puede ser un vicio. Sexo.

Sexo en el carro,
no quiero tu carne.
Por dentro soy flores, nunca me entiende
pero estás tú. Sexo.

El clima frío, la lluvia que rompe en la brea es básico
Para mí tú no eres fea
te quiero a ti no quiero sexo.

Clima feo, mojado el estacionamiento
de ti no me arrepiento, dame un beso de viento
te quiero a ti, y tu cuerpo a lo mejor. Sexo.

Sexo en el auto a eso de las cuatro mojado el estacionamiento
Tú y yo estamos de besos y la radio estación de chaperón.

Los vidrios se empañan
nuestras bocas se extrañan
a eso de las cuatro en la lluvia se ríen,
se bañan. . . Sí, eso mismo, sexo.

Todavía en el auto tu mano en mi pecho
la mía en tu corazón, me mereces, te merezco
te quiero a ti, ignora aquella de sexo.

En el carro estacionado a eso de las cuatro
una canción más ya casi son las cinco.

Sol se pasea, saluda la montaña, la nube la tapa
todavía no es la hora, una canción más
echa el asiento para atrás.

La radio toca tu canción, el sol nos llamó la atención.
Desayunamos en el carro y sexo suena como el verbo.

Sexo en el carro, ya desayunamos, de esto era lo que hablamos.
Olvídate del sexo. . . Lectura y besos a eso de las cuatro.

Lectura y verso, prosa y estrofa
del carro, nos mudamos al sofá,
televisión, habla wapa a las cuatro.
Tu corazón en mi pecho y mis sentimientos en tu frasco.
Y el nap a las cuatro.

Roncas y te babeas, despertamos, iremos por donde nos quedamos.
Lectura y verso, prosa y estrofa, besos en el sofá.
Un beso de mil versos
un verso de mil deseos
toda la vida aventuras de mi cuerpo,
tu mano en mi pecho.

Toda la vida por tu cerebro navego.
Me piensas, te pienso.

Aguántame tengo miedo.

Tú me calmas en mi desorden de madrugadas,
diciéndome, ven dedícame un verso y te dedicaré mil besos.



Sexo tántrico

Tus manos de agua
y tu cintura de porcelana.

Tu bemba de sal
y tu pelo de café puya.

Tus ojos de color caleidoscopio
y tu mirada de amanecer.

Tu sonrisa
la cordillera de tu espalda
la llanura de tu pecho
y la playa que reside más allá de la cueva de tu ombligo.

Hoy te digo que quisiera enredarme en tu cuerpo como tallos de trigo.
Hoy te digo que como niño atrevido que de tus manos y de tu cadera soy digno.

En tu ausencia se asoman las lágrimas cuando entre mis dedos no tengo tiras de tu pelo.

Esta mañana boté el café.
Esta mañana bajo la ducha lloré.
Aún así sigo aquí.

Miserablemente en paz.
Caminando por las veredas
dejando nieve en los ceniceros de cada barra
que una vez pensé traerte.

Capturé tanta sustancia de ti que
ahora me queda una disculpa, una birra,
la cajetilla y el filtro.

Pensando en ti quema pero
más lento quema el cigarrillo,

Jodio pillo y ahora me dejas en la oscuridad
entre paredes de ladrillo.

Olvídalo a lo mejor
arrepentida lo más probable
amistad agradecida
pero cuando te despidas
ten piedad de mí sé más amable.

Déjame flores la última vez que te hable.
Hubiera preferido tener sexo en todas tus sábanas y no volver
a vernos nunca más.

Pero sustancia, emoción y algo de sensación en mi ojo
que me daba al verte y escucharte verbalizar y expresar
y hasta tu forma de hablar y la simple manera en que demostrabas ganas de conversar.

¡Cómo, dime cómo me lo pudiste quitar!

Ahora en todos mis poemas solo quiero gritar.
Quiero llevarte a la oscuridad donde me depositaste.
Quiero declamarte el poemario entero que todavía no tengo.
A ver si por suerte, brujería, santería, por fe, por casualidad,
por chiva, por coincidencia o de algún cabrón efecto sobrenatural
iluminaras conmigo en la oscuridad entre ladrillos donde me dejaste.

Ya ni sé con qué rimar porque leo este poema mil veces
y se me olvida respirar.

Cuándo te darás cuenta que a las doce y media de la cabrona medianoche
las tres llamadas perdidas son tres cigarrillos más con melancolía embriagada y ganas de llorar.

Ya ni sé cómo arrodillarme a orar
cuando al otro día mentalmente
las manos me tengo que amarrar.

Te fuiste sin avisar.

Sin comer
sin saludar.

Ahora esto que escribo no tengo
con quien ventilar.

Soledad de la arena cuando no está el mar

dime qué me queda si todavía
creo en la posibilidad de amar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario