sábado, 19 de enero de 2019

POESÍA DE VERONIKA RECA

William B Leggatt, 'Psyche', grabado en madera (1930)


Miro los ojos aterrados de la gente,
padrenuestros en la punta de la lengua;
estragos del tiempo.
Miro con imperfección de credo
poesía religiosa.
Dejo escapar mi nombre por si alguien me está buscando.


Pierdo los abrazos,
saludos cordiales lacerados,
abecedarios sin consonantes.


Siempre algo falta,
algo sobra.


Peso albino mira como punto negro en el nada.
La sorpresa y el sobresalto de ver algo oscuro.
Mis sonrisas lamiendo las braguetas del cuerpo,
los disimulos en espera de verme flaquear,
se me nota el hastío.


Labios siempre en ayuna,
famélicos de acidez,
miro de reojo las ganas ajenas tratando de insuflarme ánimo.
Un par de pies sueltan una carcajada enferma.


Voluntad de no llegar.



*    * *



“Toca a la mesa siempre hablar del hombre”
Karla Cristina


Sintonía de lo absurdo,
hace ruido para despertarme.
El eco de mis pisadas,
Viacrucis de una mirada que ya no sostengo.


Quiero
la mesa de abuela y a la abuela prestada
Ella besa mi frente como si supiera.


Hoy toca callar al hombre
entre sonrisas mordiendo la resistencia efímera de un cilicio que lacera apaciguado la tradición
las migajas.


No hablaré del hombre.
Sobrevivo lento.
El hombre en mi mesa
Solo uno,
Cansado.
Me falta como las cosas que a penas conozco
Como por ejemplo dios,
la gloria.


Usurpo la mesa de otros para llenarme.
Con algo de menos tendré que vivir.

POESÍA DE JEFRY LÓPEZ PAGÁN

Marcel Roux (1878-1922), 'The halt of the demons', etching (1904)



Risa Librhe

Antes de formarse el cielo desperté…
Y vi la rosa germinar en ti
tu mirada de pasos cortos delicados en el rostro
de añoranza que descansa en mi quebranto,
pues ninguna prematura fluidez sorprende
a corazones exiliados, solo cuelgan desalados
de atención fundida en libertades.

Desperté y aún no son pareados los colores…
Tu cuerpo a blanco y grises se alineó
con mi horizonte querer la melodía,
el siempre armonizarme en aromas de llamado
que me habite dulce como brazo renacido.

Pero sin casi hablar la rosa no oculta
el cielo parear colores, no oculta el mar
proclamo dignidad a la experiencia del vaivén.
Me despertó tu ausencia, tu dormido
que no ves y siento tranquilo no sé cuándo.

Despertaré…
La rosa sin mundo de distancias mías;
haremos la nueva adivina del agua inocencia
para que estalle su presencia de zorzal espesor
y estilo repetir letrado pavor
que sonría ilusionado.



Pisando el Cielo

Como si escondernos fuera oprimir gaviotas
que la espuma nunca palpa, agacharnos,
morder sombra de migajas y honor
que escurre de mentir y marca piel
nacida con pisadas en la espalda.

Y allí se empozan, resisten
todo caído de lo alto cual excusa
de instantes que humean tocar el suelo
cual perfume de duelo y primera impresión.

Como si escondernos fuera oprimir caras rojas
de no ver con mares en coronas adveradas en vileza
sobre hilos que anudan cervicales de ralezas
para soñar la garantía absuelta de pesares

Y allí se destrozan fingiendo pinturas
fuera del pentagrama que orquesta el salto
de la piedra en el costado con la espuma
hasta oir gemidas las nubes como acorde
a la revolución sin calmas que piensa las alas
en la duna que unió dos islas sin partir el mar.



Estulticia

Lancé un cometa a iluminarme el sendero;
no te vi, no estabas, me fui a grito saber pintar
la misma carencia supresora de mundos, de tensar
mis rodillas cuando quiera un cuándo apalabrando
esclavitud que esconda mantos como nunca.

Y desconocer la babélica palabra donde cultivo
aire gigante para pulmon y sangre de culpas resumidas,
corrije a silbato supuesto cada estómago sin lenguas
de calcar encuentros que maduren la muerte
antes que el tallo de rencores en el pecho.

Pero las semillas se columpian
germinaron de silencio a capullo de piel,
y piel escupida de luz rodar la espalda
hasta volverte la flor que muerdo.

Y si la mirada interpone palabras que obligan,
la estulta salida de llanura oye piedras doctas;
la colmena nocturna se dilata en intrigas;
la inocencia seca todo charco de culpa.

domingo, 6 de enero de 2019

Suero de mercurio: cuatro poemas de H. J. Leonard

Richard William Seale, Map of the Caribbean (1755)


2019

“Año nuevo, nuevo yo”
dicen los sinvergüenzas
llenando el peine.


Normal

Tres puntos negros
flotan en la zanja
nadie vio nada


Bombita de humo

La que tiraron to’ los Ferdinand
escondíos en el retweet.

La que tiró la policía mientras
nos amotinábamos en la Avenida.  

La que tiró el gobierno mientras
blindaban to’ los bancos.

La que tiró la prensa al
desfigurar la primera plana.

La que tiré yo en la comodidad
de mi futón escroleando
los lamentos de la diáspora
en el “news feed”.


Marismo

Cuerpo curvo se trepa al bote,
al atardecer de Dios regresa,
monta su carga en su burro
para ararlo a pie hasta la loza.

El marisco se come descalzo
y empolla su caparazón sobre
la piel asada, a la brasa
lenta, lenta como suero
de mercurio que explota el termómetro
que barometréa la humedad del viento.

El mismo que trae buenas nuevas.

José, María, el ángel, el niño
Bosco, Marta, Miguel, Juan y Pedrito.
Todos miran desde lo alto del fresco.

Mientras, la capilla se encascara
con el pasar del tiempo
que embriaga el agua cuyo
cause nos lleva más allá de los estrechos.

Por los deltas

Donde los océanos se unen
pero no se juntan.
Donde los mares cambian
sus nombres por diferencias
geopolíticas.
Donde la sal tentando al dulce
destruyen el sustento de las ostras.
Donde los mangles se inclinan al pasar
de los buques con aceite y las centrales
de Gabazo se han mudado
a otro Caribe.

Allí, allí donde el sol quema por
más tiempo. Allí donde la candela
se infunde en canela y la zafra continua
huele a limón.
Allí donde el algodón
lo recogen siervos amarillos
y los tulipanes adornan los panteones
de nuestros padres.
Allí la marea inunda de fósforos las veredas
de un pasado que arrastra las maletas
que nos quieren soltar a la mala.

Por eso prefiero la arena
que me seduce en su aspereza
que sutilmente me incomoda
y me obliga a no detener
la falacia del “pa’lante”
por miedo al “que dirán”
si #yonomequito.

viernes, 4 de enero de 2019

Baila cadabra: tres poemas de Nadya M. Echevarría Quiñones

Konstantin Fedorovich Yuon, 'A new planet', Témpera y Cartón


Llovizna

Ultra-cósmica en horas de no siempre
triple y entera santísima trinidad
de un sweet cosmic show abriendo su estela
y la nota,
planeta terrestre, a distancias
recuperar tu sombra
en mirillas
por palabras rotas a cuatro planos,
así en la guerra como en tu paz,
gánese o se pierdan
sobre tu arena o en mi desierto
luces que te traguen por esta cascada,
sobre el cuarto, el universo
las guerras tibias en vivo a concierto
baila cadabra
flotar o navegar
con memoria en ti, calor de balas
código de letra muerta
color de perpetua olvidada
de las palabras que sobran;
aquí nunca se usan las gavetas,
ni las sobras de letras
que no se piensan contar.



Llave de tarde

Llevas la llave de tu ocaso
colgada en tu cuello
y miras pendiente
a que este océano
no te vierta
a un lugar contiguo
fuera de tu roca
A que cada ola llegue
en su momento justo
justa altura; paz de juez
con tribunal perdido
pues no quedan orillas
sin erosionar
Sobre el farallón,
cuelgas tus pies
hacia picos de agua
alzados
creyéndote arrecife
que no halló su cueva
Por conversar con el sol
te has hecho arco
dentro mío
pedazo de cielo sobre mar
lejana tierra firme
de la que me alejo.



Concierto de luz

Eufórico
asesino de mí
un secreto
a las puertas de tus manos
y de tus ojos que ahora me atraviesan
cobro
de ti
tu sangre
esa que hoy te nombra
y espero ver
tu hora eterna
con lo que aún quede de mí,
contando línea a línea
campañas de frente
tras el armisticio que cubre mi sombra.