lunes, 24 de febrero de 2020

I let it: poema de Sonja Ciel Nieves

Jan Frans De Boever, 'El pacto', gouache sobre papel


I let it

I let it.
I let myself go.
This thing that lurks in the grass.
Crawls down my thighs.
It's yours,
Take it
Now.
I can not stand this horrible silence.
This tedious distance,
between your mouth and mine.
During the daytime, hope comes.
Some sudden breeze,
and then it leaves.
Stumbling under neon lights.
Smelling of cigarettes and wine.
That machine.
It takes videos of us.
It plays my favorite song.
And for a second I'm in control.
Then it fades.
That sunset I wanted so bad.
Forever, I yelled.
But you didn't listen.
I'm replaceable and dirty.
A disease that needs to be cured.
I smile whorishly .
You smile back.
It's nothing.
It means all.
Tell me,
you want to end me once and for all.
Buried deep.
I feel the damp ground in my arms.
Some sort of violence, ripping my chest,
penetrating my skin.
Over and over again.
That smell.
I can't stand it.
Just come.
Do whatever you want with me.
I beg you, please.

sábado, 22 de febrero de 2020

Para escandalizar la sombra: tres poemas de Veronika Reca

Ethel Gabain 'Voces', litografía, (1911)



Satisfechos

Me abraza un turbio remordimiento oprimido
por una angustia volátil,
como una tempestad que se aleja,
que se supone cierra los ojos, 
envuelta en una tranquilidad pasmosa.

Para escandalizar la sombra
inhalo con rabia,
tumbándome,
inopinada de fiebre en las facciones,
sustituyendo el sonido
por un cálido gemido que opaca.

Un desconsuelo infantil sabe tocarme,
boca arriba el techo me hace guiños
purgando con los dedos las sombras.

Una pizca de culpa me susurra
un padre nuestro,
me persigno con el mismo dedo
que me destierra.

Aniquilando los gritos en la garganta,
nudos críticos,
se me escapa su nombre en ruidos intempestivos,
satisfechos
mientras se van trenzando los chorros
bajo mi torso espeluznado.

El dios que conozco no tiene ojos,
ni boca,
es un dios minúsculo,
de límites estrechos.

Aquí las cosas parecen obedecer
su ausencia,
como si su voz perfilada se adheriera
a las paredes,
me repelía, me atraía insitivamente
una idea absurda de gozo,
espesa, extraña, inmutable.

Cuando no está
me gusta hurgarme por dentro.


Ensayo sobre las cosas

Me gustan las cosas
porque se llenan de gritos.

Repletas de secretos
absorben los olores
y guardan su placer al humo,
e hipócritas,
sus extraños anhelos.

Voy, insulsa, con mis sueños
tras las cosas,
para no desilusionarlas.

Sus ojos inopinados guardados en los excesos recrean las sombras,
hay cosas en las que el tiempo no tiene valor.

En su vaho cálido
indoloro como un remanso de vida,
me recuesto en las cosas,
mayormente desnuda,
con las cosquillas internas penetrando
en ese fondo inagotable de fluidos
que se pierde tras la mesa cuadrada,
en las esquinas de los tiestos
que nunca llevan flores, inhalando
en la atmósfera una suave locura.

Las cosas traspasan los límites,
la tristeza tiene ojos en los floreros,
en los espejos desvencijados,
tras el viento que da en la encimera.

Mis cosas te llaman, vacilantes,
agudas, una crispación imponente,
una desesperación hecha belleza.

Cuantos días sin importancia
guardan el porque de las cosas,
el tiempo húmedo,
la envidia de las paredes que soportan
el hastío oyéndonos venir eufóricos.

Creo en mi simpatía por ellas,
por las cosas,
que cuando te extrañan se desmoronan y rompen.


Despojos

El gran rumor del viento tiene para mí un gran encanto 
y la ansiosa expectación de millones de ojos que no duermen,
borrachos de temores, emancipados a la fuerza de un manojo de casas dormidas.

Los velones sin altares, como centinelas, 
la gente que lucha por arracimarse a algo.

La tierra nos mece, conmovida, 
como un grave saludo de bienvenida. 
Anda descalza la escena en la 
desvencijada habitación de improviso.

Estela de ruido que guarda el llanto del concreto que ya no abraza.

Todo empieza a ser extraño
como prolongación del luto.

Me culpo... por este miedo escaso, conmovedora en mi desamparo.

La locura sonríe torcida.

Tiembla la tierra bruscamente recobrada
con el humor endiablado.

NO tiemblo con ella.

Ando perdida de deseo,
ardida, con un par de labios entre el ceño fruncido.

La percepción nebulosa del paraíso en su baja cintura.
Sus ojos de individualidad propia, provistos de una ternura horrible.

Me culpo por no temblar cuando la tierra
nos despide su furia en la asincronía de nuestros pasos.


sábado, 15 de febrero de 2020

Este arte desquiciado: tres poemas de Noraida Malugin Soto

William Henry Dethlef Koerner, 'A Mystical Incantation', óleo sobre lienzo (1922).


Una nube lleva tu nombre

Esta nube negra que me acompaña presagia tu ausencia, 
se ha atado de un fino hilo
que llevo en la muñeca.
La cargo a todos lados y si la olvido
se engorda hasta desbordarse
sobre mí.
Recibo el agua fría sobre mi
cuerpo semi inerte y convulso 
de recuerdos.

Tus manos tejiéndome sonrisas
entre dedos torcidos.
Tu cansado e incesante caminar,
el cuerpo obedece al que no se deja llevar
por sus perezosas corrientes.
Tus ojos siempre devorando, 
clavando preguntas que cavaron hasta la cueva de Lot.
Tus manos, otra vez y siempre, 
agarrando fuerte el porvenir
y gritándole de frente.
Tus besos escasos, tesoros escondidos para explorar.
Tú, toda tú, siempre tú.
Repetida al infinito cuando te deba soltar.

La nube negra sigue halando y
la lluvia tormentosa repica sobre el corazón que, 
aunque herido, no cesa de cantar 
la melodía gloriosa de tu nombre.


Parábola de la piedra 

Cual animal sigiloso
andabas a escondidas
en uno de esos
rincones empolvados
de mi cabeza.

Recuerdo alguna palabra
alguna broma
alguna imagen
y vuelvo al lugar
donde tus dedos
se toparon con
los míos.

Tu voz
el torbellino de susurros
estridentes entrelazados
con el repicar de 
tu risa.

Como cuando
acercaste tus labios
a mi oído
y clavaste tus palabras
en mis tímpanos
sedientos.

Háblame otra vez
de tanto y de todo
sin decir mucho
deja que tu dicción
semi perfecta
corra, fluya, se desborde.

Coloca tus manos
como dos rocas
sobre los lugares
menos sagrados de mi cuerpo
y evoca divinidades
que esperan ansiosas
por ser descubiertas
bajo nuestros pies.

Excava en el sitio
exacto que dejaste a la
intemperie la última vez
encuentra tus tesoros
tantas veces abandonados.

Encuéntralos y déjalos
que no olvide otra vez
este arte desquiciado
de extrañarte.

Descansa ahora
sobre el polvo
de tu ausencia.


No basta la noche

Extraño tu silueta jugando a ser sombra, 
aunque siempre ha sido luz.

En esta oscuridad
recién descubierta
quiero cubrirte.

Deshojar despacio 
tus capas,
llegar al epicentro.

Trazar constelaciones
sobre tus párpados cansados.

Escuchar cómo se rinden
hasta tus huesos 
bajo el tacto de mis manos estrellas.

No basta la noche.

jueves, 19 de diciembre de 2019

Zine de Solsticio Paradiso | 20 Dic 2019





Gato Malo Editores y Generación del Atardecer Presentan:

 Openmic de:
- #Cuento   - #Poesía  - #Comedia_en_vivo  
- #Crónica  - #Relato

viernes, 20 de diciembre 2019 
El Local En Santurce @9:00PM
Entrada Gratuita

Saludos, La Generación del Atardecer hace un llamado todxs lxs gatxs malxs que gusten participar de recitar poesía, crónica o stand-up en el Open Mic Solsticio Paradiso, el cual se llevará a cabo el viernes, 20 de diciembre del 2019 en El Local en Santurce. Interesadxs escríban al Inbox de Gato Malo editores. 

Únete al renacimiento.

martes, 17 de diciembre de 2019

Con la última estirpe: dos poemas de H. J. Leonard

Howard J. Morgan, 'Annunciation, Deep House', Óleo sobre lienzo


La chica de cortos rizos

Con genial sonrisa me mira

la chica de cortos rizos
mientras escribo estas palabras. 

Allá en aquel incómodo cubículo, 

rodeada de llaves y documentos
de viajeros ambulantes que 
pretenden una larga estadía 
en este trópico que promete un paraíso
pero no los medios para alcanzarlo,
allá, la chica de cortos rizos
enrola tabaco con la última 
estirpe de una fusión entre 
Grandaddy Purple y Blue Dream.

Me invita al techo de aquel viejo

edificio a catar el transporte 
que la llevará a pensar en una mejor
vida lejos de las quejas 
de extranjeros que han chocado con 
la realidad del tercer mundo. 

Tras tres intentos fallidos su Zippo enciende 

la llama que comienza 
la reacción química que promete 
tres horas de interminable pavera. 

Sus blancos dedos 

se enredan con los míos
mientras me pasa el spliff, 
simple acción que confirma mi sospecha 
y premedita una advertencia.

El turno de hoy promete. 


La Ascendencia


En la 54 de ese callejón 

olvidado en el tiempo,
los mejores días de mi niñez advertí. 

Recuerdo la ametralladora automática

que añoro aparezca en los escombros
del techo derribado donde descansaba
el viejo telescopio. 

Recuerdo el revólver mi tía abuela

deciá “eso no sirve, es para
asustar nada más”. 

Pero el presentimiento de que luego 

de la vandalización de aquel 
templo de mi infancia,
aquella vieja pistola
ha dado muerte a uno que otro sicario
en las parcelas del campo aledaño,
es tan real como el olor a pimientos 
frescos que aun resguardo en mi memoria
cada vez que la nostalgia me invade 
y decido refrescarla con una visita
a aquella caída fachada. 

Allí se decía que en mi familia

sus mujeres eran de casta noble catalana,
fogosas amantes que aprendieron a
amasar pequeñas fortunas 
que perdían en la lujuria 
culpa de amores no correspondidos 
o justificados antes los ojos de Dios. 

El pueblo comentaba a espaldas 

de las desgracias, recordaba mi abuela. 

Por ahí viene Miss Ramírez, 

con cartera nueva y
pintalabio fresco.
Ha bajado del tren de San Juan
con paso turbio a la Berreteaga
decían los chismosos 
con caneca en mano.

A lo que mi bisabuela gritaba

sin que le titubiaran los dientes
aquella tarde de 1943:

Antes puta que sumisa, pues

este chocho es mío y le debe
cuentas solo a Dios”. 

domingo, 15 de diciembre de 2019

Estos muertos viajan en mí: dos poemas de Daniel Pommers

John Paul Jones, 'Night Lady', litografía, (1963)


Canción Negra

Estos muertos viajan en mí
abrigándose con peste y salivas baladí;
así de repentinamente somos lo majestuoso.

y antes de que las moscas se apropien de nuestro país,
el nudo de los diablos regresará sonriendo a la mesa.

lo aterrador es resignarse al Bouillon extranjero.

según me fue ordenado por el emperador negro
el ángel insondable, el enamorado, el pájaro avieso,
el disciplinado para limpiarse en el tumor de las guerras:
de los malignos que reventaban nuestros ríos al amanecer
de las manos jinchas y temblorosas que se hicieron gobierno,

en el manglar, a espalda de las vírgenes y en las orejas,
nacía una canción negra de difuntos negros y su secreto;
una armonía para protegerse de los ejércitos, de los inquinos.

mientras moríamos en arenas caracol
y éramos gusanos en la comida de Tchaka,
las lenguas negras y su concierto resistieron los años.
así escaparon
de toda ofensiva
de las bestiales fosas
de los imperios.


Elemento de Sueño

Me acomodo en ti
Abres tus ojos
Tu boca, tu olor
De tanto soñarte siento alegría
Rápido escapo, sin miedo me desnudo
Eres mía, soy tuyo
Como algunos años se han ido contigo
Ya tengo músculos de intuición
Y te encuentro en la cama
A veces siento que regreso a ti
Que eres tú quién me sueña
Vienes con el ayuno // vienes a la misma hora
Somos amantes, somos algo en lo perverso
Ojalá y tú seas quien me sueñe // búscame, tú, ¡búscame!
Si algún día regresas, llega con vida y, desnúdate, como siempre
Regresa, mientras, construiré un laberinto en esta habitación
Así olvidaremos que hay demasiada vida fuera de mi cama.

Rememorar el primer día: escrito de Emilia Elizabeth Chamba Vargas

Tora Vega Holmström, 'Konstnärinnan Maria Blanchard', Óleo sobre tabla. 


Muros

La distancia puede ser enorme a pesar de que estés junto a alguien. 


Me sentía lejana estando sentada con él en el mismo sitio, tenía ya la suficiente experiencia para entender que es posible estar al lado de otro ser, oírlo y tocarlo, y no obstante, estar separado por murallas insalvables.


En reiteradas ocasiones, él preguntaba cuando salíamos al lugar en donde nos encontramos por primera vez..., -"¿en qué piensas?"- Porque la mirada que sostenía, era desorientada, casi vacía como anhelando rememorar el primer día. 


Le respondía -"nada"-, pero esa respuesta significaba "todo".

"Imaginar cosas maravillosas" -me decía a mí misma- , ¿el amor era algo maravilloso acaso? Para la palabra amor tenía un término en particular y era catástrofe, un descarrilamiento de emociones, sensaciones.

Percibía el insignificante espacio que trascendía entre él y yo. Aún éramos jóvenes, pero la vida pasaba apresuradamente por nuestros rostros y pensamientos, desquebrajando cada infinidad de sueños que poseíamos.


Cuándo se es niño, los días trascurren despacio, los años corren con mayor lentitud y todo parece posible, extendiendo el camino hasta llegar al horizonte. Pero justo ahora los años se acercaban sobre mis sienes, corrían con creciente rapidez hacia el ocaso. A cada instante me cuestionaba si era realmente feliz... -"sí, lo fui"-. ¡Que feliz fui aquella tarde! 


La felicidad se componía por momentos, por pedazos: apreciándola, sintiéndola y viviéndola a veces. 


Tal vez el tiempo que viví y fui feliz en aquél lugar no volvería, a pesar de voltear mi cabeza y echar un vistazo al pasado, no podría ser como era antes. Los sentimientos deteriorados no se podrían volver a restaurar o construir para seguir junto a él. No existía aquél milagro de amarlo nuevamente, como lo amé antes, en su calidad inicial.


Los muros permanecían allí, sentados uno cerca del otro formando una lejanía extenuante.


jueves, 12 de diciembre de 2019

Travieso ingenio, terca ansiedad: dos poemas de Astrid Guerra

Gerda Roosval-Kallstenius, 'Horas del atardecer', óleo sobre lienzo sobre panel.


Poeta

Cuéntame poeta
a qué hora regresan las horas
a qué hora se calla el silencio
a qué hora regresa la luz

cuéntame poeta
dónde estarás
cuando empiece tu vida
cuando lleguen las palabras
cuando se acabe el dolor

cuéntame poeta
quién se llevó tu pluma
esa que tienes en la mano

cuéntame
por quién esperan tus versos
poetas
por quién.


Diarios

Llueve esta tarde

mientras te leo
Alejandra
me pregunto
cuántas lluvias
aliviaron tus angustias
cuántos libros
cuántas letras
serán suficientes
para calmar las mías

me miro en tu espejo
mi Proust
mi Huidobro
mi Vallejo
mi Cortázar
mi (Octavio) Paz
eres tú
como tuyos fueron ellos
algún día

ansiabas
una novela
sin saber
que lo eras

sabías tu voz
fluían tus versos

papel delirio
pluma cantante
verbo color
travieso ingenio
terca ansiedad

mientras
la lluvia
vuelve a caer.

                     Homenaje a Alejandra Pizarnik

martes, 10 de diciembre de 2019

Té de morfina por mis venas: tres poemas de Claudia Pascual

Paul-Albert Besnard, 'Adictas a la Morfina', grabado (1887)


Té de morfina


Té de morfina,
por mi sangre con jeringa,
para vivir con risa,
para morir sin prisa.

Una mano perla negra,
nudillos rígidos como peñas,
sus anillos crean cordilleras,
brilla la cima con oro y gemas turquesas.

Y entre sus dedos como cigarrillos quemando,
descansa la aguja- el temor y el deseo goteando,
y mi piel rompe y bebe como hacía antes,
hasta ver volar mariposas de sangre,
hasta ver risas, rosas y tus ojos morados.

Tu sangre se arrastra sobre la mía,
mariposas, rosas y risas,
jadeando, tu lengua alcanza la mía,
mañana es un ayer que soñaba.

Té de morfina
por mis venas vuela como golondrina,
para matar el tiempo de mis memorias,
para vivir soñando con el amor que me hacías.


Dame un beso

Dame un beso,
llévame al cielo,
hasta escuchar el eco,
del goteo de nuestros pechos,
romper las estrellas de hielo.

Dame un beso,
nademos,
hasta oscilar sin oxígeno,
y sentir bailar nuestros cuerpos,
embriagados por sal y amaretto.

Dame un beso,
llévame al infierno,
hasta relamer el veneno,
de nuestras lenguas en fuego,
por el frío maldito de este invierno.


Pensando en musarañas

Pensando en musarañas
brinqué al tope
de una montaña
sin rocas ni plantas
ni aves ni iguanas.

Había una charca,
dónde el viento me hablaba.
Su brisa, como dedos
tocaba las olas rígidas
como las cuerdas de una guitarra,
compuso una melodía
que solo yo me sabía
sin conocimiento
de las letras que producía.

Al ritmo crudo, las nubes vibraban
como azúcar rebotando en plata
creando hilos de biso, algodón rosada
meneando sus gotas de agua
resbalando al margen de nada
esperando la caída liviana.

Brotaron de gotas salpicadas
orquídeas blancas
con pecas moradas
suspendidas en el aire
persistieron girando
como hilanderos de viento
pétalo persiguiendo pétalo
amatistas ardiendo
entre el cielo y el suelo.

Ya no pienso en pajaritos preñados
bajo el árbol
me raspo
en madrigueras
duermen las musarañas.

domingo, 8 de diciembre de 2019

Mi propio altar: cuatro poemas de Javier Insurgente Velázquez

Francisco de Zurbarán, 'San Francisco en meditación', óleo sobre lienzo, (1639)



Mi propio altar

Susurrando pensamientos furtivos, me acuesto con el ruido del día, que cobija la nostalgia que gobierna mi espíritu, la amargura que vive en la mirada, las semanas en que perdía la razón, los momentos en que mandaba la ambición. Y soñaré con los párpados abiertos en la esperanza de que regrese la emoción, en la armonía del amor, en el alivio del perdón. Con la limpieza, pureza que crece un corazón, con la melodía y tranquilidad del viento, vuelo lento hacia mi altar.


El volcán de la vida

La vida es un volcán de emociones, inmerso en situaciones, colores y horrores rodean las sensaciones. Bendiciones, temores, dolores, pasiones, se transforman en llanto, sonrisas y manifestaciones. La hostilidad nos sigue el paso robando los corazones. 


Aprovechando la juventud

Aprovechando la juventud a plenitud, muchas veces en la oscuridad he querido ser la luz igual que tú, me encantaría nadar por debajo del océano azul soñando desnudo, fuera de este mundo que es un embudo, que la suerte solo le toca algunos, que para colmo viven con un corazón crudo, espero que respirar la paz se convierta en mi escudo. Contra el mal, que derrite el bien, ojalá llueva esperanza para no enloquecer, jamás olvidaré, pero siempre recordaré, que mañana es otro día, hay un nuevo amanecer. Y empezar a creer en la libertad, necesito pensar en que puedo volar, pintar una estrella con la ilusión, hacer que salga el sol con los latidos de mi corazón.


Todavía
                                                     
Todavía siento tus piernas temblando alrededor de mi cintura, y mi mirada conectada con la tuya, además de una química que penetra en mis labios, cuando tocan los tuyos bajo la luna.